sábado, 31 de mayo de 2014

CARTA ABIERTA 16


Encrucijadas del futuro

I

La Argentina, despertada de su larga decadencia desde hace más de una década cuando pocos imaginaban que un viento sureño renovaría nuestras esperanzas y expectativas, atraviesa momentos de honda significación para el futuro de una sociedad que sigue estando en disputa. Mientras el gobierno sigue dando señales claras de un rumbo asociado a la defensa de los intereses populares, desde los centros del poder económico y mediático se conspira contra la estabilidad monetaria y se busca debilitar y condicionar el camino hacia octubre de 2015. Porque sentimos las urgencias y los desafíos de la hora, porque nacimos para defender un proyecto capaz de ser portador de muchos de nuestros sueños de justicia e igualdad, creemos necesario tomar, una vez más, la palabra. Y lo hacemos con la convicción de la potencia creadora que se guarda en esta experiencia política que lleva el nombre de kirchnerismo; una experiencia que deberá batallar duramente para garantizar su continuidad en los próximos años.

El debate político no es sólo confrontación de propuestas, diseño de alternativas, análisis racional de los cambios que la acción de gobierno produce en la sociedad. Si así fuera, no resultaría difícil coincidir en la significación positiva de la transformación producida por las gestiones de Néstor y Cristina Kirchner, enfrentadas por una oposición ligera de aportes y proyectos. Sin embargo, inciden también en la vida política pasiones y entusiasmos menos fundamentados, problemas que los medios de comunicación multiplican, exagerando dificultades y agigantando temores. De este modo, ha podido sostenerse que algunos hechos criminales, gravísimos pero aislados, anticiparían un crecimiento indetenible del delito, poniendo a la sociedad en el límite de la indefensión, mientras que la forzada devaluación del peso, medida obligada para retomar el control de la coyuntura cambiaria, derivaría necesariamente en vertiginosos aumentos del precio de las divisas que llevarían al descontrol de la inflación. Estas señales de alarma son desmentidas regularmente por la realidad, pero ello no impide que reaparezcan de modo recurrente. Sería equivocado explicarlo sólo por el oportunismo de algún político opositor o la persistente ofensiva mediática.

Las políticas en materia criminal, es decir las que no sólo afectan intereses sino que deben lidiar con la vida y con la muerte, se enfrentan al condicionamiento de una opinión pública altamente sensibilizada. En toda sociedad los resultados de la acción gubernamental sólo pueden evaluarse en términos globales, en porcentajes sobre la totalidad social. Pero este necesario imperio de la ley de los grandes números pareciera desconocer el valor de cada una de las vidas que siega un acto criminal, lo que cada persona tiene necesariamente de absoluto. Frente a esta tensión entre el dolor irredimible de los deudos de la víctima y una sociedad que no detiene su marcha, corresponde brindar a los primeros consideración y solidaridad. Pero será de mala política asignarles –como ocurrió en el caso Blumberg- el lugar del juez o del legislador. Por eso la Constitución, priorizando la serena reflexión, excluye la materia penal de las que pueden ser objeto de consulta popular. Prefiere ignorarlo el sedicente candidato renovador que sigue recogiendo firmas interpelando todos los dolores de la sociedad, agitando el fantasma de un gobierno de los delincuentes para denunciar un proyecto de Código Penal que representa un significativo avance porque moderniza un viejo texto desde una perspectiva democrática y ha sido elaborado por un consenso plural. Los episodios de linchamiento que tanto impactaron a una sociedad no habituada a estas respuestas no son ajenos a este clima artificialmente creado por quienes medran con el discurso del miedo para desvirtuar cualquier sentido de ciudadanía y de solidaridad.

Tampoco contribuyen ni a la tranquilidad social ni a la eficacia de la prevención quienes convocan a la guerra contra el delito, con un tono épico digno de mejor causa, y promueven drásticas ampliaciones de la fuerza policial que permitirían el retorno a filas de aquellos que fueron separados por actos de corrupción y vejación a los ciudadanos. En la provincia de Buenos Aires se inició hace años una reforma policial inspirada en los criterios de la Seguridad Democrática y fue dejada sin efecto. Sería deseable una reflexión seria de los responsables de ese retroceso antes que seguir haciendo silencio sobre las reiteradas denuncias de la situación en las cárceles y la violencia institucional contra los más pobres, abusos que, por cierto, no son exclusivos del primer estado argentino. Nada mas elocuente que la caracterización de la Comisión Provincial por la Memoria que afirmó al respecto : “El despliegue de uniformados, asentados en la lógica de ocupación territorial, construye un escenario bélico de control de los conglomerados poblacionales pobres donde se localizan a los “peligrosos”, como potenciales enemigos de los sectores que concentran mayores niveles de bienestar económico. A unos se los controla, a otros se los protege, expresando en las políticas de seguridad la legitimación de la exclusión social y la estigmatización de los pobres.”

La presentación de la tarea de represión al delito como una guerra podría considerarse como un mero exceso retórico sino fuera que ese discurso propicia hoy en el mundo la reinstalación de los principios intervencionistas de la doctrina de la Seguridad Nacional. En nombre de la lucha contra el narcotráfico, el terrorismo y el crimen organizado, los Estados Unidos han creado una red internacional de secuestro y detención de personas en condiciones inhumanas que pisotea las soberanías nacionales y legaliza la tortura. No sería inteligente de nuestra parte analizar las bravatas de nuestros paladines de la guerra contra el delito al margen de esa ominosa perspectiva.

Si la cuestión de la seguridad se debate en un contexto fuertemente viciado por un discurso intimidatorio que sólo puede ofrecer mano dura y multiplicación de las cárceles, la discusión mediática en el campo de la economía apela a un atávico saber convencional que parece inmune a todos los fracasos del neoliberalismo. Responsabilizando de la inflación al incremento del gasto público y la mejora de los salarios, el discurso dominante demoniza la intervención estatal y las políticas redistributivas y exime de toda culpa a los grandes empresarios formadores de precios. Frente a esta manipulación que utiliza la inflación para inducir políticas que favorecen la recesión, el desempleo, la caída del salario y la concentración del ingreso, la propuesta de precios cuidados, apoyada en un claro reconocimiento del fenómeno de alza de los precios y en una precisa explicación de sus causas, ha sido muy útil para develar el mecanismo que lleva a los aumentos, para dar cierta transparencia al funcionamiento de las cadenas de valor y para efectivamente cuidar el poder de compra de los sectores populares.

II

Hace algunas décadas la palabra globalización hizo pensar que se estaba ante un fenómeno nuevo en materia de ejercicio del poder mundial, en lo político y económico. La irrestricta movilidad de capitales, esencial a la lógica del neoliberalismo, implicó el auge de los modos de valorización financiera de ellos, que con el poder de ingresar y de retirarse sin restricciones de cualquier país, han facilitado un incremento de las crisis, inestabilidades y turbulencias en las naciones periféricas, consolidando y profundizando las asimetrías entre las potencias centrales y el resto de la comunidad internacional. Los inventores de ese vertiginoso concepto de globalización se basaban en hechos verificables producidos por una gran mutación tecnológica en el espacio telecomunicacional. La velocidad de transmisión en un único presente absolutizado de informaciones, símbolos y mensajes, prometía una transparencia inmediata para visualizar al mundo como una unidad abstracta que hacía circular millones de datos por segundo y creaba un ciudadano universal magníficamente “conectado”. Pero esos datos no son solo datos, sino modos de vida. Esa ciudadanía irrealmente postulada, dilapidaba su libertad en un océano de informaciones que hasta podían cobrar la forma de la escritura íntima, generando la ilusión de una democracia universal de opinión. Pero paradójicamente eran éstas las formas mismas que forjaban la dificultad para interpretar los nuevos poderes mundiales, yacentes en la supuesta inocencia de la “teoría de la información”, una de cuyas consecuencias es el debilitamiento de los lenguajes argumentativos y el control de la intimidad. Hay que volver entonces a poner la intimidad, su autonomía efectiva en peligro, en el marco de una crítica al procedimiento habitual de las grandes fábricas de ficciones de dominación y también a la lógica que preside la economía mundial.

III

Cualquier análisis serio debe partir de reconocer que las perspectivas de la economía argentina se hacen gradualmente más inciertas como consecuencia de la incidencia de la crisis económico-financiera internacional, las restricciones de la demanda externa y, en particular, las expectativas de un crecimiento limitado del Brasil, nuestro principal socio comercial. En este contexto, el gobierno con el fin de limitar la fuga de divisas (comportamiento inmodificado de los grupos económicos y financieros locales y extranjeros aun en épocas de economía floreciente como la última década), se ha visto obligado a tomar medidas como el alza de las tasas de interés que pueden afectar el nivel de actividad económica – aunque sus efectos negativos son reducidos con medidas compensatorias como el Programa Fondear-. Así, la conducción económica actuó decididamente afrontando el intento de golpe de mercado sin recurrir a una política ortodoxa de ajuste por la que declama y opera el poder concentrado, pero merece una alerta constante –que por cierto están demostrando tener Kicillof y su equipo- la latente posibilidad que, agotada la liquidación de las exportaciones agropecuarias, se reiteren las presiones sobre el mercado cambiario siempre utilizadas para desacreditar y/o desestabilizar gobiernos de signo popular.

La situación que llevó a devaluar la moneda -medida que incide negativamente en el nivel de actividad económica- puso de manifiesto la creciente extranjerización de la economía, la concentración de la producción y el comercio exterior en pocas firmas y la fuerte propensión a importar de la industria. Los componentes que inciden más negativamente en la balanza comercial, como el fuerte crecimiento de la importación de combustibles o la muy alta participación de componentes extranjeros en la producción automotriz, tienen que ver con las carencias estructurales de la economía argentina. La debilidad en que se encuentra el Estado para actuar frente a la presión de las grandes cerealeras que impusieron la devaluación, señala, por otra parte, la imperiosa necesidad de adoptar medidas que avancen en el control estatal sobre la oferta de exportación. El saldo de la década tiene un sesgo muy marcado de reparación social y, sin duda, se ha avanzado en el consenso sobre el rol prioritario que debe asumir el Estado en la regulación. Pero el control del aparato productivo por agentes empresarios con limitada disposición a invertir y escaso interés por fortalecer un proceso de desarrollo tecnológico autónomo, nos enfrentan al dilema de las opciones que permitan impulsar las tareas que una burguesía transnacionalizada está lejos de asegurar. Dilema que exige recuperar el debate respecto de la centralidad del Estado -incluyendo su involucramiento productivo- para un proyecto de desarrollo nacional que al mismo tiempo concentre el máximo de los atributos en cuanto a ampliación de derechos, distribución de la renta, nuevos planteos de incorporación social y medidas auto protectoras del vivir común.

Grandes empresas de telecomunicaciones, grandes capitales financieros que fluyen de un país a otro maximizando sus ganancias especulativas, multinacionales de la extracción de minerales, compañías petroleras con directorios incesantemente intercambiables, fabricantes de semillas artificiales que crean nuevas clases sociales agrarias sin conciencia social en la explotación de las tierras fértiles de todo el planeta, asimismo interligadas a grandes emporios comunicacionales, se aprestan a teledirigir las acciones de los Estados independientes, aun de los medianamente poderosos. Es cada vez más difícil gobernar estados nacionales independientes en la era de la globalización, pues en este eufemismo, se albergan las razones mismas que condicionan esa independencia, mientras guerras explícitas o larvadas de cuño antiguo, nacionales o étnicas, siguen sacudiendo distintos puntos estratégicos del planeta.

Pero donde hay poder hay resistencia. Más allá de la obvia transferencia de ingresos a los exportadores y los grandes tenedores de divisas, entre los que se debe contar la gran banca extranjera cuyo rol contribuye poca cosa al crédito productivo, provocada por la devaluación, quienes la impulsaron imaginaban que la gestión económica perdería el control de la coyuntura, en un escenario de fuerte presión de las demandas salariales, creciente alza de los precios internos y de la cotización del dólar. En ese contexto, el gobierno de Cristina Kirchner se vería obligado a transitar un sendero de ajustes sucesivos y recurrir sin condiciones al crédito internacional, preparando de este modo al país para el nuevo rumbo económico que esos sectores pronostican como inexorable a partir del año 2015. Una presidenta que así abandonara el camino de sus políticas redistributivas y transformadoras –sostienen con alborozo los voceros del establishment- quedaría debilitada para incidir en su sucesión.

IV

Aun así en un contexto que dificulta la continuidad de las políticas de expansión de la demanda, la presidenta se niega a una drástica reducción del gasto e imagina a diario nuevas medidas que, como el Plan Progresar, la Ley para reducir el trabajo informal y el significativo aumento de la AUH, hacen a la identidad más profunda del kirchnerismo. Siguiendo con esta capacidad creativa y renovadora, pero ya en otro terreno, el gobierno tomó la decisión de crear el Ministerio de Cultura.

Algunos nucleamientos empresarios, reunidos en el Foro de Convergencia Empresarial, han optado por plantear un programa máximo de retorno al neoliberalismo que niega al Estado la posibilidad de financiamiento, rechazando toda posibilidad de imponer retenciones a la producción del agro –con un tono que hace pensar que consideran esa medida como una violación a los Derechos Humanos- y ubicando un derecho de propiedad que no admite restricciones en la cumbre del orden jurídico, mientras adjudica al empresariado la exclusividad de sujeto creador de valor y cosifica a los trabajadores. Otros sectores del gran empresariado prefieren una línea menos agresiva, pero esta actitud moderada no concurre menos que la anterior a presionar al gobierno para imponer un consenso de política económica que excluye toda radicalidad que sea apropiada para cuestionar las estructuras sindicales obsoletas, aun intocadas. Estas obturan la intervención política de los trabajadores y son funcionales a los intereses de los sectores empresariales mencionados. Las palabras de Hugo Yasky el 1º de mayo definen otras aspiraciones: “La clase trabajadora no puede ser convidado de piedra a la hora de definir las políticas de un país. La clase trabajadora no puede mirar por televisión el rumbo de los cambios. Ese protagonismo hay que construirlo todos los días”.

No sólo en el campo de la economía se encuentran los nubarrones que hacen difícil visualizar una salida política que garantice la continuidad del proyecto. Los problemas para definir un candidato identificado con lo realizado en ésta década revelan que el kirchnerismo -sin duda la principal fuerza política en términos de militancia y movilización- no ha completado aun el proceso de su constitución como movimiento orgánico. Se ha avanzado mucho en estos años en la adopción de un discurso que cobija en el Frente de la Victoria tanto a los militantes provenientes del peronismo como a quienes se identifican con otras tradiciones políticas. Esta confluencia, en su momento anticipada por los peronistas más lúcidos como John William Cooke, marca la superación de una larga etapa de divergencias signada por la afirmación excluyente de un peronismo que pretendía ignorar sus propias contradicciones como por la negativa de muchos sectores de izquierda para reconocer la centralidad de la experiencia política de los trabajadores, en su singularidad persistente. Sin embargo, aún no se ha logrado constituir una única fuerza con todos los que se consideran militantes y adherentes al proyecto democrático, nacional y popular.

V

El kirchnerismo se conformó como movimiento apoyándose en la identidad del peronismo y en una estructura de poder conformada por gobernadores, intendentes y dirigentes sindicales de la que resultaría difícil prescindir. Son fáciles de comprender las razones políticas e históricas que explican el rol del Partido Justicialista, pero es necesario recordar que los rumbos principales de la acción política en la última década no surgieron de decisiones orgánicas del PJ sino de una iniciativa audaz desde lo alto del poder de gobierno, que no tardó en recoger grandes adhesiones.

En la perspectiva de la renovación presidencial, la relación entre kirchnerismo y peronismo es nuevamente puesta en cuestión tensión y se debate cual es el espacio más abarcador. Cuando algunos dirigentes sostienen que el kirchnerismo es sólo una parte del peronismo debe tenerse en cuenta que una fracción significativa de la dirigencia proveniente del justicialismo se encuentra en la oposición. En consecuencia, cualquier propósito de reunificación indiscriminada del peronismo supone el apartamiento de la línea seguida desde la asunción de Néstor Kirchner. Si aceptamos que el tema central de la disputa política se refiere hoy a la continuidad de este proyecto queda claro cuál es la convocatoria que debemos formular.

La perduración de las identidades políticas plantea un debate teórico difícil de saldar. A medida que se extendía a sectores amplios del electorado, el peronismo ha ido perdiendo perfiles claros y albergando propuestas contradictorias. El menemismo representó el intento oportunista de adecuarse a la hegemonía neoliberal y someterse a los dictados del poder económico, el kirchnerismo significó el rescate de las mejores tradiciones peronistas y de otros legados equivalentes del pensamiento emancipador. Aquella experiencia de gobierno tuvo, naturalmente, el apoyo del poder económico y la derecha política; la que estamos transitando convocó a un arco muy amplio de fuerzas populares. Esta y no otra es la contradicción central en la política argentina, y, aunque parezca paradójico, es necesario preocuparse tanto por la consolidación del peronismo que apoya a CFK como por asegurar la más amplia unidad popular en torno al gobierno nacional.

Por cierto que esta unidad popular nada tiene que ver con agrupamientos recientemente constituidos, como el FA/UNEN, que no han podido siquiera llegar al mínimo de coincidencias imprescindible para un pronunciamiento colectivo. Los límites para el asombro no dejan de ensancharse en la política argentina: después de la indefendible gestión del presidente expulsado en 2001, se consideró que la Alianza no podía repetirse. Sin embargo, aquella desafortunada iniciativa tenía por lo menos la disculpa de haberse constituido para enfrentar a un gobierno reaccionario y, además, era un acuerdo de partidos no un conglomerado de aspirantes al liderazgo mediático.

No ha pasado inadvertida la recurrente invocación en el discurso presidencial de la figura de Raúl Alfonsín. No significa esto, seguramente, que hayan dejado de considerarse discutibles algunas de las medidas de su gobierno y gravemente reprochable al haber cedido ante la amenaza de golpe otorgando a los sediciosos las leyes de impunidad, sólo que el juicio histórico tiene que ser favorable a quien en su afán de profundizar la democracia enfrentó el hostigamiento de las corporaciones y los medios hegemónicos. Ese rescate de la mejor historia del radicalismo, también alcanza a otras tradiciones populares a las que no son fieles quienes se consideran hoy sus seguidores. Alfredo Palacios, adversario del peronismo, en su momento, participó de los primeros movimientos antimperialistas de América Latina y fue un decidido defensor de la Revolución Cubana. Difícilmente podría soportar la vergüenza de saber que algunos de sus correligionarios hubiera votado contra el gobierno popular de Hugo Chavez, blanco de todos los ataques y maniobras de los Estados Unidos.

VI

Esta convocatoria que hoy formulamos para seguir avanzando requiere del concurso de todos aquellos que, más allá de críticas y diferencias, reconocen los logros de la década transcurrida y quieren asegurar la continuidad de la expansión de derechos y las profundas transformaciones de estos años. El desafío es complicado porque la desaceleración del crecimiento y las simpatías de algunos gobernadores y dirigentes del PJ por una candidatura moderada son las dos pinzas que dificultan una acción más decidida del gobierno en la perspectiva del 2015.

Sería poco serio, casi podría considerarse una humorada, levantar esta propuesta emancipadora y ponerla en manos de un candidato que no comparta en lo esencial el rumbo seguido por Néstor y Cristina, a quienes siempre animó la idea clave de la autonomía de la política respecto del poder económico, idea opuesta a la concepción corporativa de la articulación con los grandes intereses, ajena a la lógica del conflicto como signo vital de una democracia transformadora, que reivindicara Kirchner cuando visitara por primera vez nuestra Asamblea. Carta Abierta no elige candidatos, aunque no renuncia a apoyar en su oportunidad a quien se identifique más con el programa popular, pero tiene la obligación de decir que el postulante hoy mejor instalado en las encuestas está lejos de cumplir esa condición. El mejor candidato para esta patriada difícil será aquél que se haya expresado en defensa de las políticas de Memoria, Verdad y Justicia, aspecto central de la acción de gobierno, constituido, además, en reaseguro ético del proyecto kirchnerista. Aquel que asegure seguir avanzando en el camino marcado por Néstor Kirchner, cuando dijo ¡no al ALCA! en 2005, y hubiera condenado los intentos de desestabilización de Venezuela así como expuesto sus diferencias con las políticas de los Estados Unidos para la región.

Las amables sugerencias para que el gobierno llegue sin tropiezos al fin del mandato, formuladas por miembros del establishment empresario, la dirigencia política y la corporación mediática, se parecen demasiado a una amenaza que señala los peligros que podría generar cualquier radicalización del rumbo económico o una más decisiva intervención presidencial en el proceso electoral. Actuando con responsabilidad en tan difícil coyuntura, la presidenta muestra a diario su vocación por no renunciar al camino emprendido. Ese es también el deseo de millones de argentinos, dispuestos a seguirla acompañando para iniciar en 2015 una nueva etapa del proyecto popular.

No obstante, cierto es el innecesario arbitrio al que se recurrió con las cifras del Indec. Ciertas son otras circunstancias merecedoras de críticas atinadas, pero no sobre la base de un rociador permanente de acusaciones combinadas con acciones desestabilizadoras propias del mundo financiero -que nadie duda que existen- por lo que se impone un cambio profundo de la legislación financiera, que no sólo combata las presiones sigilosas y las que además toman forma declarativa, sino que contenga la limitación de las superganancias obtenidas por entidades concentradas. Por otra parte, asombra que buena parte de las corrientes de opinión no favorable al gobierno, vaya tan lejos en su complacencia con el elenco permanente de los agronegocios que no aceptan ningún tipo de tributación fiscal, del empresariado insatisfecho con todo lo que sea control estatal, acciones que todos ellos conocen muy bien. Lo mismo ocurrió con la ley de medios: un gobierno que se empeñó en ampliar derechos y democratizar los medios de comunicación, recibió ataques brutales de los intereses afectados que redoblaban en ensañamiento el tenor de las medidas con que eran concernidos en nombres de un obvio sentido de democratización en la esfera política y productiva, que debiera ser normal en cualquier democracia avanzada, en tanto rumbos comunicacionales no sometidos a la lógica del capitalismo de la manufactura coercitiva de imágenes, plusvalía evidente del neocapitalismo sin más.

VII

La oposición que comulga con la creencia que la Democracia existe (o subsiste) si la protegen los grandes medios de comunicacion (o una buena parte de ella) volatilizó cualquier noción de espacio nacional autónomo, cuando festejó la acción de los fondos buitres. Cuando admitió la captura de un embarcación militar argentina en un acto de rapiña internacional. Cuando defendió las piruetas políticas y militares de Gran Bretaña sobre las Islas Malvinas o los informes dudosos del FMI. Y en una manifestación arrebatada de su “inconsciente antikirchnerista” llegó a denunciar sin evidencia alguna que no son respetados los “derechos humanos” de los infaustos represores del pasado. También cuando dijo preferir un intervencionismo de organismos vinculados al poder mundial financiero, antes que los actos de un gobierno que estatizaba –con las dificultades del caso- las empresas de aerolíneas y petrolíferas, entregadas irresponsablemente a empresarios de la globalización en las décadas anteriores. Podrán hacerse muchas críticas a estas decisiones, pero es evidente que existe la festejable la noticia de nuevos yacimientos petrolíferos, que necesariamente deberán explotarse en el marco del estricto control estatal-nacional de las empresas contratistas internacionales que intervengan. Será el caso, al mismo tiempo, que no se eviten las consideraciones sobre los dilemas ambientales y ecológicos que pueden presentarse y deben evitarse. Cuestiones que merecen un debate conciente y riguroso, que deben evitar llevarnos al “ambientalismo” de la globalización, preparado por las mismas empresas contaminadoras como ejercicio de control de los desarrollos regionales, sino a una doctrina efectiva de convivencialidad tecnológica con una naturaleza a la cual preservar de daños que perjudiquen la vida humana.

El kirchnerismo toma decisiones constantemente acosado, responde con medidas avanzadas y muchas otras que pertenecen a un realismo imbuido de razones que provienen de los condicionamientos internacionales, medidas que son acerbamente criticadas no por lo que tienen de también obvias para un conjunto de intereses empresariales-comunicacionales que harían lo mismo en tales casos, pero peor. Esto es, sin vestigio de conciencia autonomista y emancipatoria, y con una población, cada vez más despojada de la venerable idea de plena ciudadanía, modelada evidentemente por la doctrina antiestatalista del gobierno de los medios. Estos actúan con sus sabuesos y comediantes demoledores del espacio público, antes que como reales fiscales del pueblo, noción que no es inadecuada si no alberga el deseo profundo de sustituir el funcionamiento real de las instituciones de justicia. Nadie anhela negar problemas, pues la esencia de la política es reconocerlos, revelarlos, resolverlos. Otra cosa es la jerga globalizada que dicta su semiología obligatoria a las sociedades del espectáculo –el otro polo de las localizaciones mundiales donde hay guerras nacionales o intersectoriales-, reemplazando los antiguos conceptos de libertad por los de seguridad, dejando flotar en el pensamiento colectivo nociones revanchismo súbito que abren la puerta para que en ciertos casos puntuales el ciudadano que sostenía procesos de ilustración y participación democrática, pueda esbozar en un minuto de terror personal, el rostro terrorífico del linchador. Un ámbito de ilegalidad en la circulación de nuevas mercancías, el tráfico de drogas como nuevo orden del valor de cambio y el valor de uso de sociedades que ignoran que sus instituciones legales crecen a la sombra de este ilegalismo mundial, es también un hecho de la realidad universal cuyos efectos prácticos es crear desdoblamientos clandestinos de los Estados y al mismo tiempo controlar por dentro instituciones vitales de éste. Como explicación superficial de estas nuevas condiciones del orden político mundial, se obtiene una línea de trabajo constante: el vaciamiento de la legalidad democrática de los Estados sería culpa de los Estados realmente democráticos.

Este es un nuevo tipo de gobierno globalizado sobre la conciencia colectiva, que crea espacios simbólicos de fuerte contenido ficcional que tienden a la no política, al cualunquismo, a la fabricación de personajes del mercado salvaje de consumos culturales, de los que de alguna forma son tributarias –en su lenguaje y expresividad- las formaciones postpartidarias como el Pro y en alguna medida el FA/Unen, a pesar de que su conciencia falaz los lleva a algunos a denominar como centroizquierda lo que en verdad es un nuevo tipo de centroderecha y hasta de derecha a secas. De este nuevo estilo de gobierno inmaterial salen candidatos para la vida política desprovistos de mínimas espesuras históricas, actores populares, presuntos cómicos, presentadores de la televisión nocturna, siempre que consideren que el botín político no sea inferior al papel que ya ejercen de directores de conciencia de un consumo cultural sin historia ni fundamentos reales en el genuino arte popular de masas, tal como fue concebido por la modernidad. Como resultado de esto, se han devaluado trágicamente palabras como izquierda y derecha (aún con las deficiencias que provienen de su uso dicotómico) y es así que los partidarios de políticas represivas duras con pérdida de derechos individuales, de modificaciones regresivas en los regímenes de tributación, de pérdida de conquistas laborales, de alineamiento con las potencias y sus siglas emblemáticas, FMI, DEA, OEA, se resisten a asumirse como de derechas y prefieren apropiarse con ensueño juvenil de la camiseta del centro izquierda. En el baile de máscaras de la política argentina hay quienes pretenden colocarse un ropaje que no les corresponde. Pero esta no correspondencia es parte sustancial del drama de la hora.

VIII

Cada día que pasa la encrucijada estrecha expectativas, acorrala posibilidades. No es imaginable que una experiencia política que descartó el canon típico de la política nacional, sea declarada como un episodio travieso que, de pronto, fuese absorbido por los sistemas de dominio más menguados y dispuestos a sumarse a una nueva era de “normalización”. De entre los muchos conceptos que se escuchan, resalta el de “unidad del movimiento”. Si el kirchnerismo del “loco” pudo imaginar que el peronismo se adentraría en sus llamados renovadores, hoy un rumor no tan subterráneo susurra que hay que llevarse al “loco” para que impere el peronismo como abstracción incrustrada en una única forma inmóvil de la historia nacional. La prueba de la elasticidad del justicialismo, como en los cuentos de Sherazade, cada vez aumentando su indiscriminada admisión de nuevos prodigios, es que el paladín con el que muchos buscan cerrar las originales evidencias que comenzaron a percibirse desde mayo de 2003, proviene de los astilleros y cámaras de seguridad del Tigre, pero en acepciones más versátiles puede identificarse en los movimientos de quien, al revés que en la mitología clásica, parece haberse transformado en el anhelado Minotauro Justicialista sosteniendo el hilo de Ariadna que lo lleve desde su despacho gubernamental en la poco laberíntica ciudad de La Plata hacia destinos mayores. Así, se apocaría el mito, retrocedería el país.

No es decir nada nuevo que una parte del PJ confluyó con la corporación agromediática (el massismo es hijo de esa confluencia) en los días de la resolución 125. En esos tiempos calientes en los que tantas cosas fueron puestas sobre la mesa, y en los que los actores asumieron sus papeles en el drama de la historia, el kirchnerismo encontró su nombre y su potencia, pudo darle palabras a su desafío y a su proyecto. En esos días, también, algo inevitable volvería a sacudir al peronismo. Hoy, cuando todo sigue estando en disputa y bajo la forma del riesgo, regresa la amenaza de la restauración.

Lejos, muy lejos del espíritu de lo fundado por Néstor Kirchner, se encuentra el diagrama de aquellos que buscan concretar el final de un ciclo pronunciando otro nombre muy diferente al que talló de manera inesperada lo mejor de un país que se reencontró con una oportunidad que ya no alcanzaba siquiera a imaginar. Un nombre, el del kirchnerismo, que tendrá que enfrentarse a sus límites y contradicciones, a sus debilidades y a sus errores, pero que, sobre todo, tendrá que profundizar el núcleo desafiante y novedoso que introdujo en el interior de una sociedad desesperanzada. Y tendrá que hacerlo sin renunciar a esa impronta, sabiendo que no es posible ni justo replegarse hacia una política testimonial preparándose para otro tiempo más lejano que, cuando supuestamente llegue, volverá a encontrar un país desolado por la inclemencia de los poderes corporativos.

Por eso, el futuro tiene algunas líneas previsibles que pueden extraerse de todo lo actuado, y todas las zonas imprevisibles que se imaginen, pero es necesario advertir que las derechas mundiales, activas en nuestro país, se hallan esperando el derrumbe violento o inducidamente degradado de gobiernos populares latinoamericanos, buscando referencias en poderes mundiales que manejan la ilegalidad de un orden que también dice ser ley republicana, deshilachando las necesarias autonomías políticas nacionales.

Pasivamente, sectores amplios de la población aceptan el desfondamiendo al que pueden someterla los mandos generales mediáticos, clientes de los poderes generales de la globalización de los que éstos a la vez son clientes. Hay una lucha que de definirse de cierta manera, significaría la abrupta entrada de la Argentina en una globalización incierta y maniatada, sea la que provenga de las viejas áreas imperialistas o de las acciones económicas mundiales de las nuevas formas de capitalismo en las viejas naciones de Oriente, ante el que hay que evitar ser la nueva periferia de la nueva metrópolis que obligue a economías reprimarizadas. Una amenaza inminente deviene de la presión para la firma del tratado de libre comercio entre el MERCOSUR y la UE, cuya matriz se inscribe en el paradigma neoliberal.
Había épocas en que se buscaba al buen burgués. Ahora se busca al manso grupo político que, sea cual sea, muestre sus mejores méritos en la subordinación a este neo-mesianismo empresarial.

Dicho lo cual, no parece haber dudas de que un desemboque de la encrucijada argentina en un gobierno dirigido por los neoconservadorismos de cualquier cuño acentuarían todos los rasgos, sumariamente comentados aquí, de un retroceso nacional. Anuncios programáticos de esta regresión ya se hacen en los gabinetes de servilismo colectivo camuflados en los movimientos populares. Es la entrada compulsiva a la globalización acrítica. Es cierto que hay derechas de las derechas, así como derechas nuevas y derechas viejas, globalizaciones de color amarillo –la política como equivalente de las producciones Disney- y globalizaciones de color naranja, fundadas en antiguas leyendas nacionales ya fosilizadas. Cada ciudadano podrá alojar en las urnas su sentimiento sobre el “mal menor”, lo que es tan dolorido como la ausencia de grandes alternativas que recojan la vivacidad de un legado. Pero no descartemos que nuevos reagrupamientos puedan hacer verosímil –de modo no ofensivo ni inocuo- esta previsión esperanzada en cuanto a que no quede en los dominios de los emisarios de retroceso –interno y externo al peronismo-, un próximo capítulo de la historia nacional.

El kirchnerismo pudo ser definido como la extravagancia de una historia nacida de lo inesperado y que se deslizó por una grieta mal cerrada del muro de un país desguazado. El resultado de este acto dispuso una interpelación colectiva y excepcional que parecía provenir de otros tiempos y de otros corazones, y que a lo largo de esta década obtuvo numerosas interpretaciones y valoraciones. Pero no puede discutirse que se manifestaba en la encrucijada de un presente que pudo, gracias a su aparición a deshora, desviar una ruta de carencia, injusticia y desolación para dirigirse, a veces con la intemperancia de lo inaudito, a veces con medidas que reclamarían mayores precisiones, hacia la reconstrucción y la reparación de una sociedad descreída. No puede negarse que, hijo de la ironía de la historia, miles y miles se descubrieran de nuevo alborozados por antiguas y nuevas militancias, de esas que entrelazaron el legado con la modernidad. La hora dilemática del kirchnerismo es ésta: seguir conmoviendo el sentido común de una sociedad que nunca imaginó que pudiera ser contemporánea de un giro histórico o desembocar en la resignada aceptación de un fin de ciclo que se materializaría en candidaturas que nada han tenido que ver con el ímpetu rupturista de lo iniciado en mayo del 2003. Las cenizas de la resignación flotan en el aire entremezcladas con los destellos de la transformación. El peligro de la regresión está afuera y adentro. No hay cartillas ya escritas. Hay una responsabilidad. La nuestra es seguir reafirmando lo que ha significado y sigue significando la apelación del kirchnerismo, que de ser palabra desconocida pasó a ser palabra pronunciada con los distintos matices y dificultades bien conocidas. No puede ahora ser una palabra caída.

Con esta apelación, que recoge lo mejor de una década preñada de novedades y transformaciones y que también se hace cargo de las dificultades y de los desafíos que se abren de cara al futuro, nos comprometemos, una vez más, a defender las iniciativas del gobierno nacional consustanciadas con los intereses de las mayorías populares. Un camino signado por la voluntad inquebrantable de Cristina de avanzar, hoy como ayer, con las banderas de un país más justo. De esa voluntad acompañada por millones de compatriotas saldrá la mejor opción para dar la batalla electoral del 2015.

sábado, 24 de mayo de 2014

LA ASOCIACION ARGENTINA DE ACTORES RECHAZA LAS EXPRESIONES DEL EMPRESARIO ADRIAN SUAR


No nos sorprenden las declaraciones de Adrián Suar, lo que no quiere decir que no nos produzcan desagrado y merezcan desde nuestro sindicato el rechazo más absoluto. Es evidente que en la balanza de sus actitudes, se reconoce más como empresario que como actor. Por lo tanto la crítica que hacemos a sus desdichadas declaraciones no conlleva el reclamo de lealtad al colectivo que agrupa nuestro gremio.


Es común encontrar en el sector empresarial esa aversión hacia la participación política de sus empleados, hacia lo ideológico, aún hacia la toma de conciencia de los trabajadores cuando deciden agruparse y sindicalizarse. El sueño de un mundo sin sindicatos que velen por los derechos de los trabajadores se hace explícito en la permanente intención de mantener el trabajo precarizado. Y no conformes con esto, como en este caso, pretenden la asepsia de pensamiento de los actores, ávidos de seguir manteniéndonos dentro de la “ficción”; esa que intencionalmente intenta trocar nuestro trabajo y nuestro arte por farándula, fuera de la realidad.

Suar pretende que defendamos exclusivamente intereses particulares. Que no nos importe el compañero. Que no nos importe nadie más que nosotros mismos. Pretende que no tengamos pensamiento político, participación ciudadana y lo más grave, opinión. La situación de debilidad de cualquier trabajador actor, famoso o no, frente a nuestros patrones hace que las palabras de Suar suenen a amedrentamiento. Pues son ellos en cada oportunidad y por un tiempo limitado los que determinan quienes trabajan y quienes no.

Como sabemos, hay varias maneras de limitar la libertad de expresión. Por supuesto que los actores conocemos la censura, las listas negras de épocas nefastas por la que atravesó nuestro país. Triple A y Dictadura, ejercieron sobre nosotros la represión en toda sus formas. Desgraciadamente, 28 compañeros detenidos desaparecidos así lo certifican. Tal vez estas expresiones bravuconas, quizá guionadas para provocar, no tienen la dimensión de lo sucedido en aquellos tiempos, pero igualmente, en plena democracia, tenemos la obligación de alertar sobre este escenario en donde desde el poder real se quiere imponer el mismo silencio, el mismo orden, el mismo temor, que nada se mueva, que los actores seamos meros decidores de textos ajenos, aún en la vida real.

Nos ha costado, todavía nos cuesta, y seguimos luchando para que los empresarios del sector, Suar entre ellos, reconozcan plenamente nuestra condición de trabajadores y respeten íntegramente nuestros derechos laborales. Lo único que falta es que sea un exponente de ese sector el que pretenda darnos el certificado de buenos ciudadanos y nos diga qué debemos decir y qué no.

CONSEJO INTEGRAL
ASOCIACIÓN ARGENTINA DE ACTORES

jueves, 22 de mayo de 2014

EL NOMBRE DEL KIRCHNERISMO

Opinión de Ricardo Forster, publicada en el diario Página/12.


Desplegando una política audaz y a contrapelo de las hegemonías mundiales; subvirtiendo las “formas” institucionales aprovechando el profundo descrédito en el que habían caído esas mismas instituciones en el giro del siglo y en medio del estallido del 2001 para devolverles una legitimidad perdida; rescatando lenguajes y tradiciones sobre las que el paso del tiempo y las garras de los vencedores habían dejado sus marcas envenenadas; ejerciendo, con fuerza anticipatoria, una decisiva reparación del pasado que habilitó, en un doble sentido, un camino de justicia y una intensa querella interpretativa de ese mismo pasado que tan hondamente había marcado un tiempo histórico rescatado del ostracismo, Néstor Kirchner rediseñó, hacia atrás y hacia adelante, la travesía del país. Conmoción e interpelación. Dos palabras para dar cuenta del impacto que en muchos de nosotros provocó esa inesperada fisura de una historia que parecía destinada a la reproducción eterna de nuestra

inagotable barbarie. Ruptura, entonces, de lo pensado y de lo conocido hasta ese discurso insólito que necesitaba encontrarse con una materialidad histórica que, eso pensábamos, huía de retóricas del engaño o la autoconmiseración. El kirchnerismo, ese nombre que se fue pronunciando de a poco y no sin inquietudes, desequilibró lo que permanecía equilibrado, removió lo que hacía resistencia, cuestionó lo que permanecía incuestionable, aireó lo asfixiante de una realidad miasmática y, por sobre todas las cosas, puso en marcha de nuevo la flecha de la historia.

Con pasiones que parecían provenir de otros tiempos, los últimos años, en especial los abiertos a partir de la disputa por la renta agraria en el 2008, han sido testigos de querellas intelectual-políticas que obligaron a cada uno de sus participantes a tener que tomar partido. Fue imposible sustraerse a la agitación de la época y a la vigorosa interpelación que el kirchnerismo le formuló a la sociedad. La política, con sus intensidades y sus desafíos, con sus formas muchas veces opacas y otras luminosas, se instaló en el centro de la escena nacional para, como hacia mucho que no sucedía, convocar a aquello que siempre estuvo en su interior aunque pudiera, en ocasiones, quedar escondido por las hegemonías del poder real: el litigio por la igualdad.

El kirchnerismo salió al rescate de tradiciones y experiencias extraviadas corriendo la pesada lápida que había caído sobre épocas en las que no resultaba nada sorprendente el encuentro, siempre arduo y complejo, de la lengua política y los ideales emancipadores, y al hacerlo desafió a una sociedad todavía incrédula que sospechaba, otra vez, que le querían vender gato por liebre. En todo caso, hizo imposible el reclamo de neutralidad o de distanciada perspectiva académica, hizo saltar en mil pedazos la supuesta objetividad interpretativa o la reclamada independencia periodística mostrando, una vez más, que cuando retorna lo político como lenguaje de la reinvención democrática se acaban los consensos vacíos y los llamados a la reconciliación fundados en el olvido histórico. Lo que emerge, con fuerza desequilibrante, es la disputa por el sentido y la irrevocable evidencia de las fuerzas en pugna.

El kirchnerismo vino a sacudir y a enloquecer la historia. El impacto enorme de su impronta, de esa invención a contracorriente formulada en mayo de 2003, sigue irradiando alrededor nuestro y continúa definiendo el horizonte de nuestros conflictos y posibilidades. Hoy, cuando nos acercamos a una encrucijada política compleja, esta experiencia caudalosa y transgresora quiere ser reducida a una etapa ya superada en nombre, una vez más, de la “unidad del movimiento”. Una unidad, lo sabemos por experiencia histórica, que cuando se proclama y se impone acaba por reducir al peronismo a fuerza conservadora. Cuando en el peronismo se habla de englobar a todos los sectores, cuando se escucha aquello de que “finalmente somos todos compañeros”, lo que se está diciendo sin decirlo es que se prepara, una vez más, la pirueta que conduce al establishment y al status quo, el giro que vuelve a depositarlo en el núcleo de la repetición. Hoy, y bajo distintos nombres (suenan con sus diferencias los de ciertos gobernadores, esos que siempre estuvieron lejos de kirchnerizar al peronismo de sus provincias, y, por supuesto, los del nuevo heraldo del peronismo conservador y noventista que viene del Tigre) se busca cerrar la anomalía iniciada en mayo de 2003.

De nuevo, y como un signo de su historia zigzagueante, regresa una disputa que, eso hay que decirlo, no dejó de acompañarlo, al menos, desde el conflicto de la 125 en la que una buena parte del PJ confluyó con la corporación agromediática (el massismo es hijo de esa confluencia). En esos días calientes en los que tantas cosas fueron puestas sobre la mesa, y en los que los actores asumieron sus papeles en el drama de la historia, el kirchnerismo encontró su nombre y su potencia, pudo darle palabras a su desafío y a su proyecto. En esos días, también, algo inevitable volvería a sacudir al peronismo. Hoy, cuando todo sigue estando en disputa y bajo la forma del riesgo, regresa la amenaza de la restauración, pero no como una acción extemporánea, venida de afuera, sino como la horadación que se precipita desde el interior. No hay peor cuña que la que se hace con la astilla del mismo palo. Por eso es imprescindible discutir críticamente el legado del propio peronismo, no dejarlo desplegarse como si nada guardase de peligroso en su devenir histórico y sospechando, siempre, de los cultores de la “unidad por sobre todas las cosas”. No se trata de ir a la búsqueda de una pureza imposible y viscosa, pero tampoco de ir con todos y con cualquiera con tal de preservar, sin principios, el poder.

Lejos, muy lejos del espíritu de lo fundado por Néstor Kirchner, se encuentra el diagrama de aquellos que buscan concretar el final de un ciclo pronunciando otro nombre muy diferente del que talló de manera inesperada lo mejor de un país que se reencontró con una oportunidad que ya no alcanzaba siquiera a imaginar. Un nombre novedoso y opuesto al de las corporaciones, surgido en la tierra de los vientos sureños y que se extendió por el país, que tendrá que enfrentarse a sus límites y contradicciones, a sus debilidades y a sus errores, pero que, sobre todo, tendrá que profundizar el núcleo desafiante y novedoso que introdujo en el interior de una sociedad desesperanzada. Y tendrá que hacerlo sin renunciar a esa impronta, sabiendo que no es posible ni justo replegarse hacia una política testimonial preparándose para otro tiempo más lejano que, cuando supuestamente llegue, volverá a encontrar un país desolado por la inclemencia de los poderes corporativos. Poderes que, como en otras épocas, no desaprovecharán la oportunidad que aguardan con la glotonería de quienes están listos para reconstruir su hegemonía. Pero también sabe, siempre lo ha sabido, que en el drama de una historia que sigue buscando la igualdad nadie puede eludir las impurezas y el barro. Las oportunidades de cambiar a favor de las mayorías populares la trama de la sociedad son rarezas que no se pueden desaprovechar. Sin garantías, como al comienzo de esta historia, el kirchnerismo, su nombre, deberá seguir insistiendo.

Pocos, muy escasos, acontecimientos políticos han despertado tantas polémicas, tantas querellas y tantas pasiones como lo abierto por la irrupción de esta extraña figura proveniente del sur patagónico. En Kirchner y, con una potencia duplicada por el propio dramatismo de una muerte inesperada, en Cristina Fernández se ha desplegado lo que pocos creían que podía volver a suceder en el interior de la realidad argentina: la alquimia de voluntad, deseo, inteligencia y audacia para torcer una historia que parecía sellada. El retorno, bajo las condiciones de una particular y difícil época del país y del mundo, de la política como ideal transformador y como eje del litigio por la igualdad. Ese es el punto de inflexión, lo verdaderamente insoportable, para el poder real y tradicional, que trajo el kirchnerismo: el corrimiento de los velos, el fin de las impunidades materiales y simbólicas, la recuperación de palabras y conceptos arrojados al tacho de los desperdicios por los triunfadores implacables del capitalismo neoliberal y revitalizados por quienes, saliendo de un lugar inverosímil, vinieron a interrumpir la marcha de los dueños de lo que parecía ser el relato definitivo de la historia.

Kirchnerismo como el nombre de una reparación, como el santo y seña de un giro que habilitó la restitución de derechos y de memoria, pero también como el nombre de una refundación de la política sacándola del vaciamiento y la desolación de los noventa. Y haciéndolo de manera transgresora, pero no al modo de la farandulesca, banal y prostibularia “transgresión” del menemismo, sino quebrando el pacto ominoso de la clase política con las corporaciones, tocando los resortes del poder y haciendo saltar los goznes de instituciones carcomidas por la deslegitimación. Kirchnerismo como el nombre de una insólita demanda de justicia en un país atravesado por la lógica del olvido y la impunidad.

El kirchnerismo, entonces y a contrapelo de los vientos regresivos de la historia, como un giro de los tiempos, como la trama de lo excepcional que vino a romper la lógica de la continuidad. Raras y hasta insólitas las épocas que ofrecen el espectáculo de la ruptura y de la mutación; raros los tiempos signados por la llegada imprevista de quien viene a quebrar la inercia y a enloquecer a la propia historia redefiniendo las formas de lo establecido y de lo aceptado. Extraña la época que muestra que las formas eternas del poder sufren, también, la embestida de lo inesperado, de aquello que abre una brecha en las filas cerradas de lo inexorable que, en el giro del siglo pasado, llevaba la impronta aparentemente insuperable del neoliberalismo.

Es ahí, en esa encrucijada de la historia, en eso insólito que no podía suceder, donde se inscribe el nombre del Kirchnerismo, un nombre de la dislocación, del enloquecimiento y de lo a deshora. De ahí su extrañeza y hasta su insoportabilidad para los dueños de las tierras y del capital que creían clausurado de una vez y para siempre el tiempo de la reparación social y de la disputa por la renta.

En el nombre del Kirchnerismo se encierra el enigma de la historia, esa loca emergencia de lo que parecía clausurado, de aquello que remitía a otros momentos que ya nada tenían que ver, eso nos decían incansablemente, con nuestra contemporaneidad; un enigma que nos ofrece la posibilidad de comprobar que nada está escrito de una vez y para siempre y que, en ocasiones que suelen ser inesperadas, surge lo que viene a inaugurar otro tiempo de la historia. El kirchnerismo, su nombre, constituye esa reparación y esa inauguración de lo que parecía saldado en nuestro país al ofrecernos la oportunidad de rehacer viejas tradiciones bajo las demandas de lo nuevo de la época. Con él regresaron debates que permanecían ausentes o que habían sido vaciados de contenido. Pudimos redescubrir la cuestión social tan ninguneada e invisibilizada en los noventa; recogimos conceptos extraviados o perdidos entre los libros guardados en los anaqueles más lejanos de nuestras bibliotecas, volvimos a hablar de igualdad, de distribución de la riqueza, del papel del Estado, de una Latinoamérica unida, de justicia social, de capitalismo, de emancipación y de pueblo, abandonando los eufemismos y las frases formateadas por los ideólogos del mercado.

Casi sin darnos cuenta, y después de escuchar azorados el discurso del 25 de mayo de 2003, nos lanzamos de lleno a algo que ya no se detuvo y que atraviesa los grandes debates nacionales. El nombre del Kirchnerismo, su impronta informal y desacartonadora de discursos y prácticas, nos habilitó para volver a soñar con un país que habíamos perdido en medio del desierto de una época caracterizada por las proclamas del fin de la historia y la muerte de las ideologías e incluso de la política. Apertura de un tiempo capaz de sacudir la inercia de la repetición maldita, de esa suerte de inexorabilidad sellada por el discurso de los dominadores. Pero también un nombre para nombrar de nuevo a los invisibles, a los marginados, a los humillados, a los ninguneados que, bajo sus banderas multicolores y sus rostros y cuerpos diversos, se hicieron presentes para despedir a quien abrió lo que parecía cerrado y clausurado en ese día en el que una generación se sintió conmovida y atravesada por su propio 17 de octubre. Los otros del sistema, los pobres y excluidos pero también los pueblos originarios, los habitantes de la noche y los jóvenes de los suburbios y los que sintieron el despertar de la pasión política, los migrantes latinoamericanos que se encontraron con sus derechos y las minorías sexuales que se adentraron en un territorio de la reparación. Ellos, fundamentalmente, le han dado su impronta transgresora al nombre del kirchnerismo. Un nombre que no puede ni debe ser atrapado en la tela de araña de la realpolitik ni ser apropiado por quién o quienes sólo buscan el momento para devaluar lo conquistado haciendo regresar al peronismo a su etapa conservadora. En ellos, con ellos y por ellos no se puede retroceder.

Extravagancias de una historia nacida de lo inesperado y que se deslizó por una grieta mal cerrada del muro de un país desguazado; que lo hizo para interpelarnos de un modo excepcional y que parecía provenir de otros tiempos y de otros corazones pero que se manifestaba en la encrucijada de un presente que pudo, gracias a su aparición a deshora, desviarse de la ruta de la intemperie y la desolación para dirigirse, con la intemperancia de lo inaudito, hacia la reconstrucción y la reparación de una sociedad descreída que, por esos enigmas de la vida y de la historia, se descubrió de nuevo alborozada por antiguas y nuevas militancias, de esas que entrelazaron lo anacrónico y lo contemporáneo. Por eso el arduo y apasionante desafío al que se enfrenta el kirchnerismo en esta hora histórica: seguir conmoviendo el sentido común de una sociedad que nunca imaginó que pudiera ser contemporánea de un giro histórico reparador de la injusticia y la desigualdad o desembocar en la resignada aceptación de un fin de ciclo que se materializaría en candidaturas que nada han tenido que ver con el ímpetu rupturista de lo iniciado en mayo del 2003. El peligro de la regresión está afuera y adentro. Nuestra responsabilidad, aquí y ahora, es seguir reafirmando lo que ha significado y sigue significando el nombre del kirchnerismo.

ACERCA DE LA NULIDAD DE LA CONVOCATORIA DE PABLO MICHELI

Con motivo de la “convocatoria electoral” difundida en diversos medios de comunicación con la firma de los Sres. Pablo Micheli y Daniel Jorajuría Kahrs, la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA), Inscripción Gremial 325/97, se siente en la obligación de comunicar a los afiliados y organizaciones adheridas lo siguiente:

1°) La mencionada “convocatoria electoral” es absolutamente nula y carente de todo efecto, por lo que los afiliados y organizaciones miembros de la Central deben abstenerse de participar;

2°) Recordamos que se encuentra firme la sentencia judicial dictada por la Sala IV de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo, que resolvió conjuntamente las causas “CTA c. Junta Electoral Nacional de la CTA s/Amparo” y “Micheli, Pablo y otros c. Ministerio de Trabajo de la Nación s/Amparo” (exptes. 51.586/10 y 54.788/10), a partir del desistimiento del recurso de queja ante la Corte Suprema presentado por el mismo Pablo Micheli y los ex miembros de mayoría de la Junta Electoral Nacional de la CTA;

3°) Lo que surge claramente de la mencionada sentencia judicial son dos consecuencias: La primera de ellas es la nulidad absoluta de las “elecciones complementarias” convocadas y celebradas de manera fraudulenta el 9/12/2010, en la cual la Lista 1, encabezada por el Sr. Pablo Micheli, fue proclamada ilegítimamente por la mayoría de Junta Electoral Nacional, en abierta violación de la medida cautelar dictada por el Juzgado Nacional de 1ra Instancia del Trabajo n° 24, que le había ordenado abstenerse de toda posesión de cargos relacionada con dichos “comicios” por ser manifiestamente ilegales, en tanto no habían sido convocados por el órgano legal y estatutario correspondiente, esto es, la Comisión Ejecutiva Nacional de la CTA;

4°) La otra consecuencia relevante que deriva de la sentencia de la Sala IV es que el Sr. Pablo Micheli no es “Secretario General” de la CTA, sino que sus autoridades ejecutivas son las que consigna el “Certificado de Autoridades” oportunamente emitido por el Ministerio de Trabajo de la Nación (autoridad de aplicación exclusiva en materia de organizaciones sindicales) y cuyo mandato ha sido prorrogado por dicha autoridad al solo efecto de la normalización definitiva de esta institución.

5°) Vale recordar, asimismo, que el mandato de los miembros de Junta Electoral Nacional de la CTA ha caducado el 14/05/2014, y queda pendiente la designación de los nuevos miembros de dicho órgano hasta la oportunidad en que pueda constituirse válidamente el Congreso Nacional de la CTA, una vez normalizada la situación institucional de la CTA;

6°) En síntesis, la Comisión Ejecutiva Nacional de la CTA es la que mantiene su domicilio legal en la calle Piedras 1065 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y es el único órgano facultado legalmente para llevar a cabo la normalización institucional de la entidad, proceso que —cabe advertir— ha sido sistemáticamente obstaculizado, a través de diversos medios, por el sector liderado por el Sr. Pablo Micheli y los ex miembros de mayoría de la Junta Electoral, que llegaron a fracturar “de hecho” esta Central, estableciendo una sede paralela en la calle Lima 609 de la misma ciudad y convocando su propio proceso electoral con prescindencia absoluta del Estatuto de la CTA, la ley y la autoridad de aplicación;

7°) Por tales motivos, sin perjuicio del pronunciamiento de la Justicia mencionado más arriba, a los fines de clarificar la situación y prevenir a nuestros afiliados, organizaciones y autoridades que puedan verse defraudadas en su buena fe, informamos que las autoridades legalmente reconocidas de la CTA han requerido la declaración de invalidez de la pseudo convocatoria impugnada.

sábado, 3 de mayo de 2014

DISCURSO DE HUGO YASKY EL 1º DE MAYO


Compañeras, compañeros:

Un abrazo a todos ustedes de parte de todo la conducción nacional de la CTA. A los compañeros de provincia de Buenos Aires, al compañero Baradel. Porque si algo contribuyó a que este año en las paritarias pudiéramos estar discutiendo los porcentajes salariales con absoluta libertad, no solamente en el gremio docente, sino en el conjunto de los gremios del país, fue la lucha y la consecuencia del gremio docente a nivel nacional y a nivel provincial. Eso hay que rescatarlo.

Especial reconocimiento al compañero intendente de Avellaneda, al compañero Jorge Ferraresi, porque ha hecho un esfuerzo, para que a este acto pudiéramos concretarlo.

No quiero dejar de mencionar al último sindicato que acaba de integrarse a nuestra Central: los compañeros Municipales de Avellaneda votaron por unanimidad, en la asamblea, el ingreso a la CTA y el compañero Daniel Aversa es un orgullo para esta Central que formen parte de la construcción.

Estuvimos ayer en un acto que para mí fue muy importante por lo que significa en este momento. Conmemoramos el 1º de Mayo en la provincia de Santa Fe en un acto donde estuvo la conducción de la CGT con su secretario general y la conducción de la CTA de esa provincia con su secretario general.

Cuando hablan de que el movimiento obrero está fraccionado, lo que está fraccionado, los que están fraccionados son las cúpulas del movimiento obrero. El movimiento obrero sabe que hay que defender este proyecto. Y por eso la unidad está a la vuelta de la esquina. La unidad la vamos a construir desde abajo; no con acuerdos de cúpulas, ni queriendo pegar con saliva lo que no se puede pegar.

Quiero expresar el orgullo de que esta Central reciba hoy el mensaje -nada más ni nada menos- del compañero presidente de Bolivia, Evo Morales Ayma. Porque no hay posibilidad de seguir avanzando en este proyecto de liberación de América Latina, que empezó a tener su fecha simbólica el 5 de noviembre del 2005, cuando en Mar del Plata, liderado por Néstor Kirchner, por el compañero comandante Chávez, de Venezuela, por el que era presidente de Brasil, Lula. Ese día que le dijimos No al Alca, ese día empezamos a construir el desafío de la unidad de los pueblos de América Latina en búsqueda de su liberación. Y que Evo Morales, hoy, se comprometa a estar acá un día antes de la final del Mundial de fútbol para hacer un acto, que va a ser un acto de la clase trabajadora para defender dos reivindicaciones, que tienen que ver con la unidad de América Latina. Porque decir Malvinas para Argentina, es decir “Fuera el imperialismo de las aguas de los mares del sur”. Basta de presencia militar. La presencia militar en los mares del sur es una amenaza, ya no para la Argentina: es una amenaza para los pueblos de América Latina, y es reivindicar la salida al mar para los compañeros de Bolivia.

Que hay que decirlo, la CUT, la Central Única de Trabajadores de Chile, hace apenas un mes, en ocasión de la visita de Evo Morales a Chile, marchó por las calles de Santiago de Chile, con la consigna “Mar para Bolivia”. Hay que decirlo. Porque contra el chauvinismo de las clases dominantes hay que contraponer el compromiso de clase de los trabajadores que sabemos que el enemigo es el imperialismo y son las clases dominantes de nuestros países que, siempre, históricamente, han sido aliadas del liberalismo, del colonialismo y del imperialismo.

Nosotros sabemos que en este momento, la conmemoración del 1º de Mayo, la hacemos en un marco de tensión, en un momento, en un contexto, en el que grupos empresarios poderosos, los que se reunieron en la Sociedad Rural, han levantado un programa que pretenden imponer a los partidos políticos que actúan como voceros de sus intereses.
Un programa político que constituye nada más ni nada menos que la reivindicación lisa y llana de la dictadura económica que vivimos a partir de los 90. Un programa económico que lo firman los mismos que entonces le pagaban las balas a la Triple A. Un programa económico que lo firman los mismos que fueron parte del golpe genocida. Que tienen manchadas las manos de sangre, y que pretenden otra vez que el hambre y la exclusión, la pérdida de derechos, sea lo que regimente a los gobiernos de la Argentina.

Por eso, nosotros queremos festejar este 1º de Mayo, pero lo queremos hacer con los ojos abiertos, mirando hacia atrás; por eso el homenaje a Santillán, por eso el homenaje a los compañeros de Astarsa, porque ese enemigo de clase que hoy paga filósofos para que le redacten documentos hace 30 años pagaba mercenarios para asesinar compañeros obreros.

Y son los mismos con otros métodos, son los mismos intereses: son los enemigos de la Nación.

Por ese motivo, la presencia de los jóvenes significa la expresión más hermosa, más elocuente, más que lo que pudiera decir un manual, un discurso, una consigna, de que toda la lucha nuestra no fue en vano; de que toda la lucha nuestra tiene el hermoso futuro de esta sangre joven, de estos pibes, que no tuvieron lugar para estar en la mesa, y que hoy están en las gradas. O que hoy están ahí parados, tocando el bombo, porque saben que esta lucha tiene un protagonista colectivo, que es la clase trabajadora, y cuando es la clase trabajadora, no somos jóvenes ni viejos, todos somos portadores de una historia que es la que tenemos que levantar para que tengamos futuro.

Hay que tener memoria porque solamente desde la memoria podemos definir nuestro futuro. Y yo creo que nuestro futuro tiene que ver con defender el proyecto nacional, popular y democrático que Néstor Kirchner puso en movimiento en el 2003 y que Cristina Kirchner continuó.

Que no vengan a querer inventar que tenemos que pedir perdón, que tenemos que hacer autocrítica, que tenemos que explicar, por qué durante décadas, por qué durante 10 años, se hizo lo que se hizo en este país. Nosotros nos podemos autocriticar, en todo caso, los errores, pero no vamos a aceptar que la crítica de la derecha, que es por los aciertos, por los logros, sea lo que marque el futuro y el presente de nuestros debates políticos.

Hay que reafirmar lo que se construyó para poder pelear por lo que falta.
La Asignación Universal por Hijo tiene que convertirse en un instrumento que en un futuro deje de tener sentido. Porque lo que queremos es que todos y todas las argentinas y argentinos de este país, todos los que trabajan, lo puedan hacer con un empleo digno, un salario digno, con un empleo registrado, con un empleo con derecho. Va a llegar un momento en que la Asignación Universal por Hijo será un mal recuerdo, una postal de los tiempos en que todavía los compañeros y compañeras no tenían la posibilidad del trabajo. Pero para llegar a ese punto es clave el papel de la clase trabajadora.
La clase trabajadora no puede ser convidado de piedra a la hora de definir las políticas de un país. La clase trabajadora no puede mirar por televisión el rumbo de los cambios. Ese protagonismo hay que construirlo todos los días.

Es cierto y hay que decirlo: tenemos todavía un movimiento sindical en el que muchos de los que dirigen algunas grandes organizaciones, no han podido entender el momento que se vive. Y muchos otros lo han entendido y han hecho una cuestión de clase que es entregarse al enemigo e ir a la Sociedad Rural a pedir perdón; que es ir a los programas de Magnetto a decir que nos habíamos equivocado; que es convocar a un paro para hostigar a un gobierno nacional popular y democrático.

Aquella conferencia de prensa patética con un Micheli haciendo el triste papel de un Chirolita, de Moyano, de Barrionuevo, de Gerónimo Venegas, de un tránsfuga como Bussi; aquella conferencia de prensa donde se pidió perdón en boca de Moyano por haber estado del lado del pueblo en el conflicto de la 125, es la expresión más patética de una dirigencia sindical que no entiende que este proceso de transformación no tiene retorno y que es la clase trabajadora la que tendrá que llevar adelante las principales tareas de la democracia y de la distribución de la riqueza.

Nosotros no podemos olvidar que en estos últimos 10 años el movimiento sindical recuperó masa muscular. En el año 1975 había 60 mil empresas, la mayoría de ellas empleaba obreros industriales. Consecuencia: la UOM tenía 500 mil afiliados. Había 60 mil empresas y 500 mil afiliados metalúrgicos. En el año 2001 quedaban solamente 20 mil empresas y 170 mil afiliados en el gremio metalúrgico. Habíamos bajado en la dictadura genocida, en ese proceso brutal de destrucción del desarrollo industrial y de la clase obrera. Hoy recuperamos y tenemos más de 20 mil empresas en una economía todavía monopolizada y extranjerizada y 300 mil o más afiliados en la UOM. Este ejemplo vale para el resto de los gremios.

Hoy tenemos paritarias libres. Hoy tenemos Consejo del Salario Mínimo Vital y Móvil, porque hubo políticas que apostaron contra de lo que pedían los grupos dominantes, a generar empleo, a generar industrias, a generar trabajo digno. Y esto hay que defenderlo.

No es verdad cuando nos quieren convencer de que fue el milagro del viento de cola. No es verdad, como nos quieren hacer creer, que hubiese sido lo mismo aplicar las políticas que ellos decían, de volver a las relaciones carnales con el Fondo; de entregarnos al capital concentrado, eliminar las retenciones, de no apostar a la suba de los salarios. No hubiese sido la misma la situación de la clase trabajadora y del pueblo de la Argentina. Y esto hay que defenderlo.

Porque van a venir por derecha, con la cara descubierta, pero también van a venir por derecha disfrazados, los que van a decir: “Bueno, algunas cosas del kirchnerismo las vamos a rescatar. Algo tenemos que rescatar”. Ese fue el discurso de Capriles en Venezuela. Empezó peleando por derecha y perdió y ahora está cambiando el discurso. Acá sea Macri, sea Sergio Massa e, incluso alguno de los que se dicen kirchneristas, que tenga claro que las banderas no se bajan, que esto no se termina. Que en todo caso lo que está firme es que la compañera Cristina Fernández de Kirchner asumirá la conducción de un proceso que tendrá en los trabajadores, la fuerza capaz de respaldar y de construir un futuro.

Compañeros: hace falta más protagonismo popular. Más protagonismo de la clase obrera. Más reformas en el modelo sindical. Más libertad sindical. Más democracia. Hace falta terminar con los que asumen Centrales desde el fraude, desde la imposición de la mentira, y hace falta consolidar a esta clase trabajadora con un compromiso claro: antimperialista, antipatronal, popular, nacional, democrático, con Cristina Kirchner y por la liberación de la Patria.

Fuerza. Viva la clase obrera. Viva el poder organizado.-

jueves, 10 de abril de 2014

YASKY HABLA SOBRE EL PARO CONVOCADO POR EL SINDICALISMO DISIDENTE

FUENTE: DIARIO PAGINA12, EL PAIS, JUEVES 10 DE ABRIL DE 2014
Por Miguel Jorquera

“Tienen un ataque de amnesia”

El titular de la CTA, Hugo Yasky, definió a la medida organizada por las centrales obreras opositoras como un intento de “entregar el movimiento sindical a los sectores económicos concentrados” con “el apoyo explícito de la Sociedad Rural y el guiño de Massa”.
El dirigente de la CTA Hugo Yasky salió al cruce del paro general convocado por los cegetistas opositores Hugo Moyano y Luis Barrionuevo y la CTA disidente de Pablo Micheli: definió a la medida como “contra natura” y acusó a los dirigentes que la organizaron de “querer entregar el movimiento sindical a los sectores económicos concentrados”. Para Yasky, el paro busca esmerilar al Gobierno con “el apoyo explícito de la Sociedad Rural, los grupos económicos y mediáticos concentrados y el guiño del Capriles argentino, Sergio Massa”.

–La CTA que usted dirige y la CGT oficial no se suman al paro, sin embargo quienes lo convocan auguraron que tendrá una adhesión mayoritaria...

–Hay dos maneras de medir la adhesión a un paro. Si uno hace un torniquete a través de los medios de transporte, y a eso le agrega los piquetes, puede lograr una merma de la asistencia a los lugares de trabajo, pero que no tiene que ver con la adhesión voluntaria y consciente a la medida. Diferente a como lo hacíamos en la época de (Saúl) Ubaldini o durante la resistencia de la CTA al neoliberalismo, donde la adhesión significaba la valoración de la medida de fuerza.

–Los piquetes han formado parte de su experiencia de la CTA. ¿Qué ha cambiado ahora para cuestionarlos?

–El piquete fue la forma de lucha de los que habían perdido el trabajo; de los que no podían parar las fábricas de las que los habían expulsado y sufrían las políticas del menemismo. Y en ese momento la única alternativa era visibilizar la protesta de los excluidos ocupando las rutas. Hoy hay un gobierno que respeta el derecho de huelga, que garantizó fuentes de trabajo y que el sindicalismo pudiera crecer. Recurrir a la metodología del piquete es imponer autoritariamente, desde sectores absolutamente minoritarios, su propia voluntad a las mayorías. Y uno de los que convoca al paro, Luis Barrionuevo, fue adalid de las políticas del menemismo.

–¿Por qué la CTA no adhiere al paro?

–Algunos dirigentes sindicales, no lo digo por Barrionuevo que siempre fue coherente en su menemismo y su anti kirchnerismo, pero sí (Pablo) Micheli, el propio (Hugo) Moyano parecen víctimas de un ataque de amnesia. Este fue el gobierno que recuperó el sistema jubilatorio para el sector público, sancionó la ley de medios, terminó con las leyes de impunidad y avanzó en los juicios contra los genocidas, restituyó las paritarias libres, puso en práctica el Consejo del Salario Mínimo, implementó una reivindicación histórica de la CTA como la Asignación Universal por Hijo, la recuperación de YPF, la ley de refinanciamiento educativo que nos permitió destinar a la educación más del 6 por ciento del PBI, entre muchas otras cosas, como la recuperación de cinco millones de puestos de trabajo, que le permitieron al sindicalismo recuperar su fuerza, después de estar casi reducido a la mínima expresión. Es un paro contra natura que pretende entregarles el movimiento sindical a los grupos más poderosos del país. Va contra los intereses populares.

–Pero ellos insisten en que el paro no es político...

–Que este paro tenga el acompañamiento explícito de la Sociedad Rural, de los dueños de los grandes medios de comunicación, como el caso de (Héctor) Magnetto en Clarín y el diario La Nación, y cuente con el guiño del que pretende ser el (Henrique) Capriles de la Argentina, Sergio Massa, habla a las claras de que este paro va contra los intereses de la clase trabajadora y los sectores populares. Es un paro que pretende enmascarar con algunas reivindicaciones legítimas el intento de revisar lo que fue el avance popular, para volver a las viejas políticas neoliberales.

–Una de las consignas del paro es el de “paritarias sin topes”. ¿Cree que el Gobierno le puso un techo a las negociaciones salariales?

–La mejor expresión de que las paritarias se dan en un marco de absoluta libertad fue el conflicto docente y el cierre sobre la base de lo que era la demanda del gremio, a pesar de la posición que sostuvo en un principio el sector patronal, representado por el Ministerio de Educación. Fueron 17 días de huelga en provincia de Buenos Aires, y el gremio docente alcanzó cifras que superaban el 30 por ciento, que consideramos una cifra razonable. No queremos discutir salarios por encima de un porcentaje que después perdemos en la remarcación de precios que promueven los grandes grupos económicos que quieren una nueva devaluación y que piensan que se pueden llevar puesto al Gobierno

–¿Y el mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias?

–Todos sabemos que de acá a 20 días, cuando terminen de cerrar paritarias los gremios importantes, se va a producir la corrección como en 2013.

–¿Es una apreciación personal o información del gobierno?

–El jefe de Gabinete dijo ante el Congreso que es un tema que se tiene que revisar y sabemos que se está trabajando sobre eso. Y que vamos a avanzar sobre otro gran tema, que ni siquiera mencionan los que convocan al paro, que es el trabajo en negro, que sí es una asignatura pendiente.

–El metalúrgico Antonio Caló valoró más sostener las fuentes de empleo que conseguir un salario más alto. ¿Qué opina?

–Si persiste la crisis internacional, el mantenimiento de las fuentes de empleo se va a convertir en prioridad para los trabajadores de nuestro país. Esto no significa la imposición de salarios a la baja, con los que muchos empresarios especulan cuando están en juego fuentes de trabajo. Es vital y nosotros no podemos retroceder a las épocas del menemismo y de la Alianza donde teníamos cientos de miles de desocupados.

–Moyano dijo que no lo vio en la huelga docente y Micheli fingió no conocerlo. ¿Les respondería?

–Moyano, desde que le pidió perdón a Magnetto, no sé por qué, tiene un problema y es que se informa solo con Clarín, y ese medio ocultó el papel de la CTA en la lucha. Micheli no se olvidó de mí, sino de todo su pasado de lucha, como para llamar “Luisito” a Barrionuevo, la expresión del sindicalismo del que quisimos desembarazarnos cuando creamos la CTA.

domingo, 6 de abril de 2014

"LOS QUE HACEN EL PARO SON UN TRACTOR PARA LA DERECHA QUE QUIERE VOLVER A LOS 90" AFIRMO HUGO YASKY


El titular de la CTA, Hugo Yasky, volvió a criticar el paro convocado por Luis Barrionuevo, Hugo Moyano y Pablo Micheli y sostuvo que esos sectores pretenden usar a los trabajadores como "tractor para la derecha que quiere volver a los 90", sector que identificó con el diputado Sergio Massa.

En comunicación con Radio Del Plata, Yasky dijo que el paro convocado para el 10 de abril "no tiene muchos motivos" ya que los gremios están "en pleno progreso de paritarias", y recordó que fueron los gobiernos kirchneristas los que hicieron que las negociaciones "en Argentina volvieran a existir"


"Este es un gobierno con el que uno puede tener diferencias y las puede discutir, nosotros estuvimos 3 años en la `Carpa Blanca` y la Ctera, uno de los gremios con más afiliados, no tuvo paritarias hasta 2003", recordó el dirigente de la CTA.

Respecto del aumento del mínimo no imponible del impuesto a las Ganancias, sostuvo que para discutirlo "hay que esperar a que terminen las paritarias, y ver cuántos son los trabajadores afectados".

Por último, volvió a criticar a los dirigentes que convocan a la medida de fuerza del 10 de abril: "que no me vengan los que fueron parte del menemismo que ahora quieren paro", advirtió.

FUENTE: http://www.telam.com.ar/notas/201404/57776-los-que-hacen-el-paro-son-un-tractor-para-la-derecha-que-quiere-volver-a-los-90-afirmo-yasky.html