viernes, 19 de septiembre de 2014

HOMENAJE A JOHN WILLLIAM COOKE


Homenaje a quien fue una pieza clave de la resistencia peronista


Por Norberto Galasso 
19/09/12 Tiempo Argentino 

Trató a Juan Domingo Perón de igual a igual, se consideró marxista y también peronista, fue un intelectual y también un hombre de acción. Viajó a Cuba y junto a su mujer de transformó en miliciano y participó de la Revolución.

Pocos personajes de nuestra historia ofrecen facetas tan singulares como la de este gran pensador y luchador argentino. Se llamó John William cuando seguramente él hubiera querido que lo denominasen Juan Guillermo. Se consideraba peronista pero también marxista. Como integrante del peronismo fue –casi seguramente– el único que discutió con el general Perón de igual a igual, sin inhibiciones ni reservas mentales: "Usted procede en forma muy diferente a la que yo preconizo y a veces, en forma totalmente antitética" (enero 1966). El único que se animó a decirle que algún día iba a morir (3/3/1962). Fue intelectual profundo, pero al mismo tiempo hombre clave de la resistencia y se lanzó con "una pistola 45" y tres cargadores de balas a parar a los marinos en junio de 1955. Tenía cierta renguera y un cuerpo voluminoso pero le encantaba bailar el tango. Fue invitado a un congreso en la Cuba presidida por Fidel y lo retuvieron en el aeropuerto porque el Partido Comunista de la Argentina dio malos informes sobre él ("¿Qué tal, Cooke? ¿Está en cana?", le dijo sonriendo El Che y aclaró la situación). Una anécdota resume su independencia de criterio y su singularidad en sus opiniones. Ante las diferencias que mantiene con Jorge Antonio, Perón intenta limar asperezas y para calmarlo le dice: "Pero, Bebe, Jorgito es millonario, pero es un millonario peronista." Y él le responde: "Mi General, disculpe, pero yo no hago esos distingos. Para mí, no hay millonarios peronistas y millonarios antiperonistas, los millonarios son millonarios, nada más." 

Pero quizá lo que otorga a Cooke una característica aun más propia y definida está dada por su permanente transformación, a través de la acción política, al mismo ritmo que se modificaban y profundizaban las posiciones de las grandes masas. Él provenía de una familia de irlandeses en cuyo hogar se hablaba en idioma inglés y en lo político, seguían la tradición radical. Su padre, Juan Isaac era dirigente importante de la UCR y como tal estaba alineado, en la segunda guerra, en el campo aliadófilo, donde también se situaba John en su juventud, celebrando los triunfos de Inglaterra. Pero al crecer el movimiento obrero y alcanzar el protagonismo del 17 de octubre, John ya integra el movimiento nacional e ingresa al Congreso de la Nación como diputado. Ha comprendido que soplan vientos de revolución y que el peronismo viene a cubrir el vacío dejado por los viejos partidos perimidos. Entonces afirma: "En 1945... el peronismo fue el movimiento que surgió y triunfó contra todos los partidos, que hizo saltar el esquema de los partidos repartiéndose el poder político. No es que la izquierda hacía crisis; es que era una parte de la superestructura política del imperialismo y saltó junto con los demás pedazos de esa superestructura... El movimiento popular que atacó a la oligarquía y al imperialismo pasó a ser la izquierda por cuanto representaba las fuerzas del progreso nacional y de la independencia del extranjero. Fue una situación revolucionaria, donde los esquemas teóricos no servían. Faltaba una Izquierda Nacional y ese papel pasó a ocuparlo peronismo, aunque sin definirse como tal." 

En su gestión parlamentaria, siendo el diputado más joven –"El Bebe", lo llamaron– fue el más sólido y brillante. A él recurrió Perón después del tremendo bombardeo del 16/6/55 para reorganizar el partido en la Capital Federal, pero ya era muy tarde y el gobierno fue derrocado en septiembre. Una tremenda noche de terror y silenciamiento cayó sobre el peronismo en esos años, resumida en la delirante mordaza del Decreto 4161 y los fusilamientos del '56. Cooke, mientras tanto, intentaba armar "la resistencia" y era paseado por todas las cárceles del país, hasta "el infierno blanco" de Ushuaia e inclusive sufre simulacro de fusilamiento. Producido el triunfo de Frondizi en 1958, cuando los obreros se levantan contra la primera privatización impuesta por el FMI, Cooke avanza aun más en su posición e intenta convertir esa lucha en paro general, en un momento en que era delegado personal de Perón y más aun, el único a quien Perón alguna vez designa su sucesor para el caso de su muerte. Pero la burocracia política del peronismo le boicotea su acción y después de denunciarlos ante Perón, viaja a Cuba, donde adhiere fervorosamente a la Revolución. Tiempo más tarde es miliciano, al igual que su mujer Alicia Eguren, y participan en la lucha cuando el imperialismo invade Bahía de los Cochinos.

Reside unos pocos años en la isla y allí les explica a muchos cubanos mal informados los progresos alcanzados por las mayorías populares dela Argentina durante los dos gobiernos de Perón. Luego se desempeña como representante de Fidel y El Che ante Perón –en España– sugiriéndole se traslade para residir en Cuba, a lo cual el General le responde: "Dígale a Fidel que él hizo el asalto al Moncada llevando consigo el rosario y la cruz y yo todavía tengo que seguir llevándolos." 

En esa época es un socialista convencido, pero al mismo tiempo se sigue considerando peronista y por ambas banderas milita sin cesar. Parte de esa lucha queda registrada en una rica correspondencia mantenida con el General durante una década (1956-1966). Allí analiza la correlación de fuerzas, la imposibilidad, por ahora, de la revolución armada, como asimismo la importancia que tendría abandonar la conducción pendular de un movimiento policlasista para acentuar sus rasgos revolucionarios. Comprende que "el peronismo es el hecho maldito del país burgués", pero también que "es un gigante invertebrado y miope" si no se dan los cuadros necesarios y no se desplaza a los burócratas políticos y sindicales. En esas cartas, Perón le explica que hay que ser como el Papa "que benedice a tutti", que la unidad es lo principal dado el poderío del enemigo. Cooke no está de acuerdo y se atreve a refutarlo: "¿Para qué nos sirve el número, para votar en las elecciones que no se han de realizar?" También afirma: "Peronismo y antiperonismo son, en esta etapa, la forma en que se da políticamente la lucha de clases..." ¿Unidad para qué, entonces? Su opinión es que obispos, generales y empresarios están de más en el peronismo. Perón le contesta, desde su condición de líder nacional, que si los echamos, engrosaremos las fuerzas del enemigo. Otras veces el General no le responde por un tiempo. A veces, le señala: "Querido Bebe: ... muchas gracias por su interesante y valiosa información..."Los “leales” y los desleales cuentan sólo para construir y debemos manejarlos a todos porque si no llegaríamos al final con muy poquitos. Por otra parte, hay dos clases de lealtad, la de los que son leales de corazón al Movimiento y los que son leales cuando no les conviene ser desleales. Con ambos hay que contar, usando a los primeros sin reservas y utilizando a los segundos, a condición de colocarlos en una situación en la que no les convenga defeccionar. Al final, no hay hombres buenos ni malos, más bien todo depende de las circunstancias, aunque para conducir es siempre mejor pensar que muchos son malos y mentirosos." En otras cartas, también se observa que intenta persuadirlo: "Usted tiene razón, Bebe, lo felicito…" Pero al final de la carta le reitera la política de "bendecir a todos", como única manera de aislar a la oligarquía y al imperialismo. Pero Cooke insiste: "Cuando usted ya no esté, ¿qué significará ser peronista?"

A finales de 1963, Cooke regresa a la Argentina y crea Acción Revolucionaria Peronista, es decir, intenta formar una izquierda orgánica, dentro del movimiento, para estar en condiciones de incidir mejor. Ideológicamente su influencia se difunde, pero –y él no tiene duda alguna– la clase trabajadora, en su abrumadora mayoría, está con el General y no ve la necesidad de construir el partido revolucionario que él preconiza. 

En sus últimos años, concurre a varios congresos en Cuba y reafirma allí su posición revolucionaria e inclusive adhiere a la lucha armada que se intenta en otros países. Sin embargo, aún en sus últimos escritos, sostiene: "Perón no sólo es el artífice de la única época en que el obrero fue feliz –década que el tiempo y el drama de hoy embellecen aun más en la nostalgia– sino algo más importante es el recuerdo, el símbolo de la primavera revolucionaria del proletariado argentino, del momento cenital de las grandes conquistas sociales y las reivindicaciones nacionales. Por eso, su mito se alimenta tanto de la adhesión de los obreros como del odio que le profesa la oligarquía, no atenuado por los años porque es el reverso del amor de los humildes… En el laberinto de la política a ras del suelo a que nos tiene acostumbrados nuestros burócratas Perón parecería estar bloqueando vaya a saber qué caminos. Desde las alturas de las formas superiores de la lucha revolucionaria, no obstruye nada. El pueblo se resiste a abandonar sus ídolos acreditados en el milagro por otros no probados… El prestigio de la conducción revolucionaria de esta nueva generación se cargará con el magnetismo de su antiguo prestigio." 

Por entonces, lo toma el cáncer. A los pocos meses, el 19 de septiembre de 1968, muere, pero su última voluntad –hecho todavía insólito en la Argentina de 1968– es que sus órganos vitales sean usados para quien los necesite, como si quisiera que sus ojos siguieran viendo, desde otro cuerpo, los cambios de su querida América Latina, en busca de su destino igualitario. 


jueves, 18 de septiembre de 2014

DOCUMENTO DEL PLENARIO NACIONAL DE LA CTA

CONSOLIDAR LA CTA PARA PROFUNDIZAR LAS TRANSFORMACIONES

Los cambios producidos en el escenario político, a nivel nacional, regional y mundial, obligan a remitir nuestro análisis de la coyuntura política a la última década. En la Argentina, particularmente, estamos transitando una nueva etapa en el proceso de transformaciones que comenzó a operarse a comienzos del siglo XXI, luego de la crisis resultante de la imposición del proyecto neoliberal aplicado a partir de la última dictadura cívico militar y profundizado en la década del 90.

La situación que en el año 2001 caracterizábamos como una crisis de hegemonía, en la medida en que expresaba la imposibilidad de los sectores dominantes de continuar ejerciendo la conducción del proceso social, permitió, con la llegada de Néstor Kirchner a la Presidencia de la Nación en 2003, dar inicio a un proceso gradual y sostenido de recuperación de la capacidad del Estado para orientar la dinámica social en un sentido favorable a los intereses populares. La firme decisión de incorporar muchas de las demandas históricas del movimiento popular a la agenda del nuevo gobierno, apoyándose en el capital social acumulado durante los años de la resistencia, fue configurando un proyecto político definido por los objetivos de la inclusión y justicia social, la soberanía política y la independencia económica, que han sido los pilares de la identidad nacional y popular a lo largo de la historia de nuestra Patria. A eso se sumó una ofensiva que erigió en política de Estado a la causa de los organismos defensores de los derechos humanos. Memoria, Verdad y Justicia fueron banderas en alto a partir del 2003, con un emblema en las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. El fenómeno de adhesión popular que generó la recuperación del nieto de Estela de Carlotto es producto de ello.

Sobre la base de una articulación política centrada en el liderazgo presidencial -iniciado por Néstor y continuado por Cristina Fernández- y pragmáticamente orientada a disponer a los actores políticos existentes al cumplimiento de las tareas que de modo paulatino iban definiéndose como necesarias, el kirchnerismo logró, al tiempo que se constituía como una identidad política capaz de movilizar voluntades en torno a estos objetivos, impulsar cambios que han resultado decisivos para mejorar las condiciones de vida de nuestro pueblo y para abrir un horizonte de oportunidad para promover nuevas transformaciones.

El juicio a los responsables del genocidio, el desendeudamiento, la creación de empleo y la reactivación del mercado interno, la reestatización del sistema previsional, el incremento del presupuesto educativo, de salud, y de investigación, la Asignación Universal por Hijo, la sanción de las leyes de Medios de Comunicación Audiovisual, de matrimonio igualitario, de identidad de género; la recuperación de Aerolíneas Argentinas y de YPF, la vigencia indiscutida de las convenciones colectivas de trabajo en casi todas las ramas de actividad; el fortalecimiento de las relaciones con América Latina y la decisión de asumir la integración regional como un pilar del proyecto nacional, bastan para comprender la novedad de esta etapa y el valor reparatorio que ha implicado para los sectores populares. Mención aparte merece la decisión de rechazar el ALCA en la Cumbre de Mar del Plata en noviembre de 2005. Aun reconociendo que todavía es preciso avanzar y recuperar conquistas arrebatadas por el neoliberalismo, es indudable que el actual período histórico configura un momento de avance del campo popular.

Ahora bien, la reactivación que estas medidas generaron permitió, en su momento, sortear las dificultades derivadas de dos frentes problemáticos. En primer lugar, la ofensiva desplegada por la reacción de aquellos sectores que perdían privilegios e inmunidades, y de quienes veían condicionadas sus siempre inmensas ganancias. El momento más álgido de esta ofensiva se vivió en el año 2008, con la conformación de un arco opositor a la Resolución 125 que establecía las retenciones móviles a las exportaciones agrícolas. El rechazo a la medida del gobierno nacional de atar el porcentual de retenciones a la variación de los precios internacionales, no sólo con el fin de asegurar el ingreso de divisas a las arcas públicas con fines redistributivos, sino de limitar el impacto del alza de las commodities sobre el mercado interno, permitió a todos los sectores opositores agruparse en torno al reclamo de las corporaciones del sector agropecuario y fue, al mismo tiempo, un elemento aglutinante de las organizaciones del campo popular y de amplios sectores no organizados de la sociedad que vivieron esa confrontación como un llamado a la toma de posición en el escenario de la disputa. Si bien el resultado inmediato de la “batalla de la 125” fue adverso, el saldo posterior resultó en un avance sustantivo: la estatización del sistema previsional; una determinación fundamental que permitiría luego desplegar una serie de iniciativas de política social que sin duda han representado mejoras para los sectores más desprotegidos, y que han otorgado un grado importante de sustentabilidad para dichas iniciativas.

Poco después, la emergencia de la crisis económica internacional, encontró a nuestro país en mejores condiciones para afrontar los efectos de la retracción de las economías centrales. La reducción significativa del peso de la deuda externa y el cese de los condicionamientos del FMI sobre la definición de la política económica nacional, así como una mayor disponibilidad de recursos para mantener movilizada la economía y para asegurar la preservación de los niveles de empleo, resultaron cruciales para limitar el impacto local de aquella crisis.

Ninguno de estos factores de riesgo ha cesado de actuar. En distintas formas, la persistencia de esa amenaza pone en evidencia la vulnerabilidad de un proceso que, para consolidarse y viabilizar su profundización, aún debe afrontar la resolución de tareas que implican transformaciones estructurales y suponen, por lo tanto, niveles más altos de confrontación con los poderes fácticos. En el último año, la presión de los sectores exportadores para producir la devaluación de la moneda logró imponerse a través de las maniobras del poder financiero, que obligaron al gobierno a modificar la relación cambiaria, y a desplegar una serie de dispositivos para evitar que esa decisión impactara excesivamente en la capacidad de consumo de los asalariados. Si bien el efecto acotado de la devaluación demostró la preocupación del gobierno por preservar la situación de los sectores populares, su inevitabilidad dio muestras, también, de la persistencia de una estructura económica excesivamente dependiente de las decisiones de los sectores concentrados, fuertemente extranjerizada, primarizada e insuficientemente regulada por el Estado. A estos factores se sumó el impacto de la crisis global en la región, con la consiguiente desaceleración del crecimiento económico y la aparición de señales preocupantes tales como suspensiones y despidos de trabajadores en algunas ramas dinámicas de la producción. Esta situación -que se ha instalado desde fines de 2013- pone al descubierto la voracidad de las grandes patronales que no dudan en acrecentar sus ganancias gracias la reducción de sus plantas de personal.

De manera que ya no sólo la expectativa de profundizar el proceso de redistribución de la riqueza, sino la posibilidad misma de asegurar lo conquistado hasta ahora, exige avanzar más decididamente en un proceso de industrialización centrado en la satisfacción de las necesidades de la mayoría, y requiere elaborar instrumentos que permitan controlar y orientar la producción y distribución de bienes y servicios básicos en función del interés común y en la perspectiva de un nuevo modelo de desarrollo económico y social. Para nosotros es crucial defender lo conquistado hasta aquí ya que sin esa defensa activa no sería posible pensar en un avance.

En ese sentido, como parte del intento de avanzar, apoyamos los proyectos de leyes para controlar la especulación y el abuso de los monopolios en la formación de precios. La oposición de las cámaras empresarias de los sectores más fuertes agitando el “fantasma del estatismo” y reivindicando la propiedad privada y la libertad de mercado, discurso asumido también por los portavoces de la oposición, reafirma la necesidad de los sectores populares de estrechar filas para evitar que estos proyectos fracasen. Es estratégico que el Estado pueda recuperar instrumentos de control que permitan revertir la debilidad del sector público frente a los grupos concentrados de la economía. Esta debilidad resulta, por otra parte, notablemente balanceada por una decisión política que ha demostrado que el actual gobierno no está dispuesto a someterse a los dictados del poder financiero, ni a desandar el camino transitado en pos de la conquista de mayores márgenes de soberanía para nuestra nación. La batalla contra los fondos buitres y la resolución del juez Griessa constituyen una prueba cabal de esa determinación y coloca a la Argentina en el centro de la disputa por el rumbo de la economía mundial.

Es imprescindible comprender que, en este litigio, no está en juego exclusivamente la posibilidad de continuar el proceso de desendeudamiento nacional, aun cuando ese objetivo resulte de primera importancia. El devenir de este conflicto -en el que, magistralmente, la jugada del gobierno argentino ha puesto en contradicción a los propios actores financieros, y a ellos con los gobiernos de los países centrales– será decisivo para el futuro del sistema económico global. La reciente iniciativa anunciada por la presidenta de la Nación de enviar al Congreso el proyecto de ley para el pago soberano de la deuda externa, reemplazando al Banco de Nueva York como agente de pago, no sólo enmienda un agujero negro de nuestra soberanía, sino que significa redoblar la apuesta política en la confrontación con el capital financiero internacional.

Para las organizaciones populares, por lo tanto, esta perspectiva no sólo exige la definición de propuestas y la intervención en el debate político, sino, muy especialmente, la multiplicación de su capacidad organizativa y su representatividad. A lo largo de este proceso, las organizaciones populares se han visto confrontadas con nuevos desafíos que han conllevado severas crisis, divisiones y realineamientos. Las organizaciones sindicales, especialmente, hemos tenido que revisar nuestras estrategias y modos de organización con vistas a lograr constituirnos como actores en un escenario que tempranamente definimos como una situación de avance del campo popular. Esta interpretación de la etapa confrontó, en la práctica, con la de quienes veían apenas cambios superficiales que, según su sesgada visión, encubrían la continuidad de las políticas neoliberales de los gobiernos anteriores. Esto produjo debate y tensiones al interior de nuestra central que, a partir del conflicto con la Sociedad Rural y sus aliados en el 2008, fueron tomando estado público y generando divergencias cada vez más profundas. El tema de la autonomía de nuestra Central empezó a estar en el nudo de esas discusiones.

Nuestra posición reafirmó que la autonomía -que siempre reclamamos para nuestra Central, y que consideramos una condición necesaria para preservar la defensa del interés de la clase trabajadora en nuestro accionar– no debía ser confundida con una presunta neutralidad que, en estas condiciones, implicaba de hecho un abstencionismo que sólo podía favorecer al campo de la reacción y del bloque dominante. En tal sentido, como parte de la clase trabajadora, nos pronunciamos con claridad apoyando la continuidad del proyecto político nacional y popular en marcha, para ser parte activa en la profundización de su carácter transformador.

Desde esa concepción de autonomía hemos acompañado todas las medidas que comprendimos como pasos necesarios para avanzar en aquel rumbo, y hemos promovido y reclamado aquellas decisiones que consideramos debían adoptarse para continuar este proceso, para reparar sus deficiencias y profundizar las transformaciones. El desafío de constituir a la organización sindical como un actor capaz de incidir en la definición de las políticas de Estado, y de ser protagonistas en la construcción de un proyecto nacional, popular, democrático y emancipador, exigen de nuestra Central la capacidad de identificar adecuadamente las contradicciones que determinan, en esta coyuntura política, la siempre dinámica configuración del movimiento popular, y la correlación de fuerzas que define en cada momento el horizonte de posibilidades para la acción política.

En el futuro inmediato, cuando la finalización del segundo mandato de Cristina Fernández se convierte en un acicate para la estrategia reaccionaria que quiere ver en el fin del período presidencial la liquidación del proyecto popular, los intentos de desestabilización y condicionamiento por parte del poder económico y sus aliados prometen intensificarse. En este contexto, es muy importante el papel que debe desempeñar la CTA para generar iniciativas tendientes a aglutinar y unificar a los distintos sectores del campo popular. La presencia en el debate público, la movilización y la puesta en marcha de espacios de articulación como la Convocatoria Económica y Social, son un aporte que estamos en condiciones de realizar allí donde tenemos más desarrollo. También es clave el protagonismo de la CTA en la formulación de las demandas de la clase trabajadora, con una visión del conflicto social que haga posible integrar como parte de una misma totalidad a la heterogénea composición actual de nuestra clase. No podemos ser sólo portavoces de los asalariados que tienen convenio y trabajo registrado porque, en ese caso, estaríamos haciéndonos cargo del mandato de apenas una parte del colectivo laboral. 
Fiel a la decisión asumida en el momento mismo de nuestra constitución como Central, dispuesta a extender su representación más allá de los límites del trabajador formal, el desafío es crecer integrando también al variado universo de los no registrados, a los trabajadores cooperativizados, a los de las empresas recuperadas, a los de las zonas rurales y a todos aquellos que como parte de nuestra clase tengan la necesidad de organizarse para reivindicar su dignidad y su demanda con un sentido de unidad y solidaridad.

Para eso necesitamos que el 18 de noviembre la elección nacional sea un hecho político que nos movilice y que legitime esta construcción de cara a los desafíos de un futuro cargado de incertidumbre para los sectores populares. Necesitamos una Central que fortalezca la identidad y la presencia de los trabajadores y trabajadoras de la Argentina en esta nueva etapa de la lucha: por más igualdad, más justicia, más democracia.-

Buenos Aires, 22 de agosto de 2014

CONTRA EL OLVIDO, A 8 AÑOS DE SU DESAPARICION JORGE JULIO LOPEZ PRESENTE!!!





En el año 2006 a 30 años del Golpe Militar, en La Plata se lograba la primera condena en Juicio Oral al Genocida Miguel Etchecolatz. Finalmente la Democracia comenzaba a saldar una vieja deuda con la sociedad argentina

Aquel Juicio Oral condenó a uno de los principales responsables de aquella historia trágica de la “Noche de los Lápices” que desnudó la crueldad del Terrorismo de Estado, secuestrando y torturando jóvenes militantes secundarios, muchos de ellos militantes de la UES (Unión de Estudiantes Secundarios).

Aquel claro día de Justicia fue posible por el testimonio de los sobrevivientes que animados por un profundo deseo de justicia, recordaron: es decir, “volvieron a pasar por el corazón” aquellos momentos dolorosos. Fueron esos testigos como Julio López que contribuyeron a que fuera posible terminar con tantos años de impunidad.

Han pasado 8 años y los trabajadores junto al campo nacional y popular seguimos buscando a Julio López, seguimos construyendo una muralla de solidaridad con todos los testigos en los juicios a los Genocidas logrando programas de protección, condenando y castigando a más de 600 represores en cerca de 120 juicios, logrando la restitución de 115 nietos, y luchando en contra del olvido, por más memoria, más verdad y más justicia.

No olvidamos!
Seguimos buscando a Julio López!

martes, 16 de septiembre de 2014

LOS LAPICES SIGUEN ESCRIBIENDO


Hace 38 años, un grupo de estudiantes del Colegio Normal 3 y del Colegio de Bellas Artes de La Plata eran secuestrados por efectivos a las órdenes del entonces jefe de la Policía bonaerense, el coronel Ramón Camps. Las víctimas eran militantes que habían participado en la movilización que un año antes había conseguido la implementación del Boleto Estudiantil Secundario (BES).

En 1976, la dictadura suspendería dicho beneficio e iniciaba investigaciones de inteligencia para dar con los referentes del movimiento estudiantil que había encabezado el reclamo, por considerarlos “integrantes de un potencial semillero subversivo”.

La noche del 16 de septiembre -en coincidencia con un nuevo aniversario del golpe de Estado que derrocó a Juan Domingo Perón- se inició un operativo conjunto de efectivos policiales y del Batallón 601 de Ejército para capturar a los jóvenes, de entre 16 y 18 años. Seis de ellos continúan desaparecidos y solo cuatro pudieron sobrevivir.

Este martes en la ciudad de La Plata, una de las sobrevivientes, Emilce Moler, encabezó un acto de la Comisión provincial por la Memoria (CPM) del que participaron 400 jóvenes de escuelas públicas y dijo: “Siempre miro las efemérides como postales del pasado, pero el pasado no vive de manera estancada, sino que el calendario nos lo trae todos los días cuando tomamos decisiones como país y elegimos hacia dónde queremos ir. En este sentido, este 16 de septiembre nos lleva a hacer un vínculo entre el pasado y el presente, porque además del homenaje y recuerdo de los compañeros que no están, tiene sentido recordar para reinterpretar este presente. Este es un presente promisorio, que nos costó mucho lograr, pero recién a partir del 2003 podemos decir que se puede hablar de la militancia y la política porque las cosas volvieron a su lugar con los militares presos”.

lunes, 15 de septiembre de 2014

CONVOCATORIA A ELECCIONES CTA 2014

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Convocatoria a Elecciones Generales de autoridades de la Central de Trabajadores de la Argentina publicada el día Viernes 12 de Septiembre de 2014 en el diario Página 12