domingo, 16 de febrero de 2014

EN VARIOS FRENTES

Por Mario Wainfeld
PAGINA 12, OPINION, 16 DE FEBRERO DE 2014


El nuevo índice de precios, la pulseada por el dólar y las reservas, la compra de Apache, Precios cuidados, Progresar. Una mirada sobre la semana que pasó, un mapa de las acciones de un gobierno que trata de sostener los ejes de su política en una coyuntura complicada.

Los hechos de la semana que se repasarán describen a un gobierno presente e hiperactivo, que actúa sobre las consecuencias de la devaluación. Anticipemos una hipótesis: las devaluaciones causan efectos inmediatos negativos para los trabajadores con ingresos fijos, los importadores y el nivel de actividad. También mejoran la ecuación de las exportaciones y el ingreso de divisas. El modo de procesarlas no es neutral, lo que impide igualar lo que ocurre hoy con otras experiencias anteriores, de las que (más vale) tampoco se diferencian ciento por ciento. El kirchnerismo busca atenuar o hasta invalidar ciertas consecuencias, especialmente sobre empleo, capacidad adquisitiva de los trabajadores, inflación y poder relativo del Estado.

De cómo resulten varias pulseadas consiguientes depende que se mantengan indicadores valiosos obtenidos en estos años. La mayoría de los argentinos, aun aquellos que lo cuestionan duramente, tiene su futuro ligado al éxito contingente del Gobierno.

Las importantes diferencias con vivencias de otras épocas, que se van insinuando y sustanciando, son básicamente tres. Hay un gobierno bien diferente de los anteriores, un Estado más dotado que el de años atrás, una sociedad más combativa y poderosa. Las tres variables se construyeron, adrede y en buena proporción, en la ya larga década kirchnerista. Son capital del sistema democrático, lo que no obsta (más bien contribuye) a que haya demandas y exigencias de gremios y organizaciones sociales que le meten presión al Gobierno, en buena hora.

El nuevo índice de precios al consumidor del Indec, la compra de la empresa Apache, las movidas para sostener la cotización del dólar y acrecentar reservas, el programa Progresar, las tratativas con Repsol y el Club de París más las incipientes paritarias integran un paquete de objetivos sofisticado y muy arduo.

Se cuenta con un equipo económico más coherente y afiatado que el de los años previos. Eso no les garantiza el éxito a quienes “bailan con la más fea” en la más difícil coyuntura que afrontó el kirchnerismo, pero los califican para “pelearla” mejor.

El consultor Miguel Bein, a quien la Presidenta le propició el rato de fama del que habló Andy Warhol, tituló su informe mensual “No lo dicen... Es un Plan”. Expresó algo certero, como cuando denunció que había grandes operadores que querían generar un caos financiero que pusiera en jaque la gobernabilidad democrática, como se anticipó semanas ha en esta columna.

Hay equipo, hay un programa de coyuntura, hay una carta de ruta... y el partido es durísimo.

Vamos por partes, como proponían Aristóteles, Descartes y Jack el Destripador.

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Alto y creíble: El Indice de Precios al Consumidor (IPCNu) nació gordito; pesó 3,7 mensual para enero. La cifra refleja un preocupante nivel de inflación aunque al mismo tiempo tiende un puente firme para recuperar la credibilidad del Indec. Funge de correctivo (y de reconocimiento tácito) tras años de desaciertos... no será sencillo recobrar la legitimidad social. De cualquier modo, influye pronto en los grandes actores de la economía y la política. Muchos economistas y dirigentes opositores reconocieron su pertinencia. También el Fondo Monetario Internacional (FMI) al que el Gobierno se acerca, aunque contradiga su verba inflamada de años atrás.

La medición verosímil puede servir para orientar la puja distributiva y para relegar al canasto las mediciones alternativas chantas que prosperaron, favorecidas por la mala praxis oficial.

El cronista no es quién para adentrarse en los densos análisis sobre la hechura del flamante índice. Personas avezadas de distintos “palos” coinciden en señalar que los de consultoras privadas sólo mensuran la Capital y la Zona Metropolitana, en la que el aumento del transporte y otros servicios fue mayor que en el conjunto nacional. Si se aísla esa variable, las distancias con el Indec son nimias. Y la profesionalidad del índice oficial es mucho mayor. El mejunje apodado “índice del Congreso” no es tomado en serio por casi nadie, tampoco en esta columna.

Para los sindicalistas cercanos al Gobierno es una ayuda tener una referencia verosímil y no voluntarista. Con el arrastre a febrero, aunque se carezca de un número para diciembre, se tendrá un trimestre con el diez por ciento de inflación, redondeando. Eso da una pista seria para sentarse a negociar, sin entregar a los compañeros y sin prendarse de números exorbitantes.

Rara es la victoria del Gobierno versus su propio proceder anterior. Lo esencial no es medir la inflación, sino combatirla. Una herramienta que tenga consenso es apenas y, nada menos, un instrumento para avanzar.

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El verde y el blue desteñido: Las acciones del Banco Central dan la impresión de haber conseguido otra victoria táctica. El dólar ilegal se desinfla, los que compraron a doce pesos sufrirán lo suyo. Da pena el “chiquitaje” que creyó en los consejos de los grandes medios y los economistas VIP. Casi causan gracia las pérdidas de grandes inversores, aunque sus reacciones siempre son temibles.

Se frenó, por ahora, el drenaje de divisas del Banco Central. Y hay condiciones para que afluyan remesas de los bancos, de los “grandes del campo” que acopiaron en silos bolsa. Otro tanto pasa con la cercana cosecha de soja, que cuenta con el incentivo de la nueva paridad, del aumento de las tasas de interés. La perspectiva de merma de los precios internacionales en meses sucesivos favorece la perspectiva.

Absorber pesos y sumar dólares es positivo para fortalecer al Estado, pero tiene contrapartidas negativas en el nivel de actividad. La sintonía fina y las medidas reparadoras son otro reto para el equipo económico.

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Inversiones en danza: La presidenta Cristina Fernández de Kirchner lo enunció varias veces el año pasado. El Gobierno no rechaza dogmáticamente las inversiones extranjeras, aunque le pone varias condiciones. Simplificando apenas: que no sean “golondrina” o pura especulación financiera, que se vuelquen a la producción o a la obra pública.

Las negociaciones con el Club de París y con Repsol llevan su tiempo. En el ínterin se encarecieron las tasas de los créditos internacionales y el valor en pesos de la indemnización a Repsol.

“Formadores de opinión” de los medios dominantes confunden su discurso con la realidad y acusan al Gobierno de incoherencia. No es para tanto... Con la camiseta de Repsol sobre el pecho clamaron que hubo confiscación ignorando que el Congreso dictó una ley de expropiación. La norma estipulaba el pago del precio, supeditado a un lapso de tratativas, cuyo fracaso derivaría en un proceso de tasación. La oratoria oficial fue más drástica que lo escrito, como es habitual en todo regateo y puja de poder... el marco institucional lo da la ley.

Arreglar con Repsol tiene para la Argentina un (ventajoso, si que imperioso) costo de oportunidad. Las inversiones en energía, particularmente las ligadas a Vaca Muerta, son imprescindibles. Siempre se supo que, por su magnitud, sería necesario el capital extranjero. Pero los interesados, que los hay y muchos, quieren precaverse de demandas futuras de la multiespañola. La insistencia de la petrolera estatal mexicana, Pemex (socia de Repsol, además) y del propio presidente de México fueron una señal nítida.

La ingeniería financiera del pacto con Repsol es densa: las autoridades de YPF y del Gobierno creen que si prosperan “se cambiarán” bonos a futuro por inversiones inmediatas. Uno de los mecanismos explorados era y es garantizar parcialmente la deuda con bonos estatales de España. Según explican protagonistas avezados, no resentirían las reservas del Banco Central y les darían más confianza a los españoles. Una digresión, ya que estamos: el creciente escándalo en el Canal de Panamá en el que está envuelto otra multihispana revela las características de ese neocolonialismo de rapiña. También muestra que los corsi e recorsi de la historia no son una exclusividad de estas pampas.

Vaca Muerta es uno de los proyectos a mediano plazo en el que está comprometida esta gestión. En el mejor de los casos, el megayacimiento generará gran riqueza durante la próxima presidencia, sea de quien fuere. En el tránsito se puede ir produciendo más, bajando el gigantesco déficit energético.

La estatización de YPF es una gran medida del gobierno de la presidenta Cristina, que se contrapone a varios desaciertos de la política sectorial del kirchnerismo. Claroscuros hay, también ideas fuerzas notables que dejan su aporte al patrimonio nacional.

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Un Apache nacionalizado: YPF compró Apache, una empresa hidrocarburífera extranjera, a un costo superior a los 800 millones de dólares, con recursos propios. La movida interesó poco a la galaxia opositora aunque (¿por qué?) es más que interesante. Tiene varias finalidades, entre ellas mejorar pronto los niveles de producción y de reservas. Además convierte a YPF en el principal operador de gas del país y a la Argentina en el segundo productor de la región, detrás de Bolivia.

Aunque se diga menos, también se busca revertir el cuadro de fragmentación que obró la política de los ‘90. Las cesiones a las provincias fueron duales: consiguieron adhesión a las aciagas políticas nacionales y permitieron mejorar los ingresos de los territorios. Es endiablado y sería injusto hacer un balance general de lo que pasó, no ha de ser homogéneo cuando se habla de cerca de la mitad de las provincias, de distintos gobiernos, distintas etapas económicas. Puede insinuarse que en promedio las provincias resultaron contrapartes débiles contra empresas trasnacionales con mucha espalda. Y que se privilegiaron los ingresos de corto plazo contra las estrategias de largo, el control ambiental.

Que YPF, que tiene como socias a las provincias, tome el control es parte de un cambio de paradigma digno de mención. Se fortalece el patrimonio nacional, en estas semanas de órdago.

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Ponerse en movimiento... para ponerse: Progresar es una acción novedosa, que eleva el piso de protección social. Apunta a una población vulnerable y desvalida. En buena dosis busca sostener un apoyo económico sostenido para quienes saldrían de la tutela de la Asignación Universal por Hijo (AUH).

Interpelar y convencer a los potenciales titulares del nuevo derecho es trabajoso. La Nación, las provincias, las municipalidades y organizaciones militantes están actuando. De nuevo: los niveles de activismo y de eficacia varían dada la multiplicidad de actores.

El Estado nacional ofrece la cobertura y desde sus autoridades “baja” una consigna, que es tener cientos de miles de chicas y chicos que puedan cobrar a principios de marzo. Es un programa de ingresos ligado a condicionalidades: terminar primario, secundario o universidad (“finalidad educativa” en jerga) o capacitarse laboralmente. Una parte de la labor futura concierne a los ministerios nacionales de Educación y de Trabajo. Otra a las provincias o municipios y a institutos de formación profesional.

Articular todas esas instancias es peliagudo, máxime porque hay iniciativas similares ya funcionando. De cualquier modo, el afán oficial es simétrico con el itinerario que deben seguir los pibes: lo primero es proveerles estar inscriptos y tener un ingreso. En tiempos sucesivos, breves por definición y por exigencia legal, habrá que encontrarles los espacios para educarse o formarse.

El Progresar es un programa paliativo, de proyección al largo plazo y también funcional para la coyuntura. Nadie pone en duda, en la era kirchnerista, que los fondos estarán y serán pagados en tiempo y forma. Eso es una novedad respecto de tiempos pasados y para nada remotos.

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Lo que hay: Es un ejercicio instructivo comparar la eficiencia y poder de la Anses o de la AFIP con lo que supieron ser y rendir. Falta mucho en materia de reforma del Estado, pero esos ejemplos concretos demarcan un rumbo. Se recauda y se redistribuye a través de Agencias que cambiaron cualitativamente. Programas como el Pro.Cre.Ar, la AUH y el Progresar hubieran sido mera ficción durante los mandatos de los presidentes Carlos Menem o de Fernando de la Rúa. Estaban lejos de su imaginario, de su libido y de sus aptitudes. En un trance de crisis cabe evocar esas diferencias y también utilizarlas para compensar inequidades de vieja data, a las que se añaden las del “modelo” más las surgidas en este nuevo contexto.

El sociólogo Pablo Semán, en intercambio amable con el cronista, pinta así el cuadro de situación, tan complejo cuan dialéctico, con mayor espacio para los reclamos populares: “La Argentina de 2013 resume en su composición fragmentaciones, antagonismos, tensiones de toda la vida. Las resume acumulativamente, sin síntesis, y con desigualdades más marcadas (a veces). Pero hay un cambio cualitativo que no está garantizado para siempre aunque hasta ahora funciona. En comparación con otras épocas es más legítimo y más efectivo protestar. El costo de la protesta disminuyó y la territorialización de la ‘lucha de clases’ es un efecto de la destrucción del perfil más integrado del viejo mercado internismo, y un síntoma del incremento de las asimetrías sociales. Pero el hecho de que no se la pueda reprimir ni eficaz ni legítimamente, de que no se pueda hacerlo sin clausurar la representación política popular que ejerce el peronismo de las más diversas formas (o sin arruinar a los dirigentes del peronismo) hace que las soluciones económicas ‘crueles’ sólo puedan ser, hasta ahora, el plan alucinado de una estudiantina de derecha que no necesariamente puede ser tomado en serio por el establishment”. El cronista se permite resaltar el “no necesariamente” de la última frase.

Esa derecha, de cualquier modo, opera y presiona. Con escasa prospectiva en las urnas, juega en otros tableros.

La Presidenta sugirió “moderación” en la negociación colectiva a los gremialistas más afines. No las suspendió, ni las desvirtuó: llevan años. Tampoco le forzó un techo. No quiso y tampoco podría hacerlo. Ocurre que el poder sindical creció en “la década”, lo que enaltece al Gobierno aunque lo complica al pedir templanza. En buena hora existe esa dialéctica cuya tramitación y desenlace serán cruciales.

FRENTE A LA ESCALADA FASCISTA CONTRA VENEZUELA BOLIVARIANA:


Pueblo movilizado y urgente solidaridad internacionalista



Nuevamente el fascismo encaramado en los sectores más reaccionarios de la oposición venezolana ha mostrado cuáles son sus "propuestas": terror, muerte y abierta desestabilización. Esto ocurre justamente en momentos en que arrecia la ofensiva imperialista contra el gobierno de Nicolás Maduro (y contra otros procesos similares en la región) a través de fuga de divisas, desabastecimiento, inflación inducida, y por supuesto, ataques de las corporaciones mediáticas, para intentar generar un clima claramente destituyente.


Esta vez, la oligarquía venezolana ha impulsado a sus "cachorros", personificado en el lumpenaje de clase media y media alta que arropados por el discurso de sus direcciones políticas, como es el caso de Leopoldo López, ganan las calles y no sólo exigen que el gobierno legítimo renuncie sino que atacan edificios de la infraestructura urbana y asesinan a militantes populares, como es el caso del lider comunitario Juan Montoya del barrio 23 de Enero.

Frente a esta nueva ofensiva imperialista se hace necesario que la solidaridad internacional con el pueblo y el gobierno de Venezuela se haga sentir de forma superlativa. 
En ese sentido, los abajo firmantes, planteamos la necesidad de que los Presidentes latinoamericanos agrupados en la CELAC y en UNASUR tomen cartas en el asunto antes de que sea demasiado tarde, y convoquen a una reunión urgente en la misma capital venezolana, para respaldar al gobierno de Nicolás Maduro y al pueblo agredido por el fascismo.

Hoy, Venezuela necesita que América Latina y el Caribe le devuelvan con hechos todas las muestras de apoyo que ese país ha ido gestando hacia nuestro continente a lo largo de estos 15 años de mandato revolucionario.

Por otra parte, desde los movimientos populares y personalidades que apoyan la Revolución Bolivariana, nos autoconvocamos para estar alertas y movilizados para responder a los intentos desestabilizadores que el imperialismo y el fascismo llevan a cabo contra nuestros pueblos.

Ahora más que nunca:

Chávez vive, la lucha sigue!

Al fascismo se lo derrota con pueblo movilizado y la solidaridad internacionalista!

primeras firmas:

Resumen Latinoamericano
Organización Social y Política Los Pibes
Convocatoria por la Liberación Nacional y Social
Organizaciones Libres del Pueblo
Movimiento Popular La Dignidad
Marea Popular
Movimiento de Trabajadores Excluidos-MTE
Corriente Política 17 de Agosto
Frente de Organizaciones Kirchneristas
Movimiento Nacional Campesino Indígena-CLOC-Vía Campesina
Organización social y política Voluntario Global
Cooperativa de Trabajo Su Lavandería
El Hormiguero EPP
Cooperativa de Vivienda COVILPI
Cine Wilde recuperado
Agrupación Envar el Kadri-Peronismo de Base
Central de Trabajadores de la Argentina CTA

Stella Calloni, periodista
Atilio Borón, politólogo
Carlos Aznárez, periodista
Lito Borello, dirigente social
Norman Briski, actor, 
Vicente Zito Lema, poeta y escritor
Eduardo Soares, abogado, dirigente social
Carina Maloberti, dirigenta sindical de ATE
Roberto Perdía, abogado, dirigente social

enviar adhesiones a: resumen@nodo50.org o a clmtu.argentina@gmail.com

martes, 11 de febrero de 2014

CURVA CERRADA

POR HORACIO VERBITSKY, DIARIO PAGINA 12, EL PAIS, DOMINGO 9 DE FEBRERO DE 2013

Ni los logros de la década ni las tribulaciones de hoy dan cuenta de la situación y sus perspectivas. Es tan vano negar el ajuste como desconocer su carácter heterodoxo, con toda clase de defensas para los más débiles. El núcleo duro que pese al malhumor social mantiene su pacto de lealtad con CFK será la base de una identidad kirchnerista que dispute el futuro, o se reabsorberá en el justicialismo sin pena ni gloria. Las limitaciones estructurales que no pueden superarse en el corto plazo.


La estrechez de las opciones económicas del gobierno nacional y la avidez de las oposiciones económica, política y mediática por sacar ventaja del momento más difícil del kirchnerismo sirven paradójicamente para medir la solidez de la construcción social realizada desde 2003. La peor coyuntura resulta moderada por los cambios previos en la estructura social y esto permite soportar un cimbronazo que de otro modo podría haber sido devastador, como ocurrió en las crisis cíclicas pasadas, en las que se hundieron el salario y la participación laboral en el ingreso. Junto a los inquietantes síntomas de los últimos meses debe ponderarse la consistencia de las políticas aplicadas en estos años, que han puesto un tope a la línea descendente que golpea sobre los hombros más débiles. Ni las teorías conspirativas sobre una crisis institucional, ni las propuestas de salida por izquierda dan cuenta fiel de la situación. El gobierno ha ingresado a una curva cerrada, pero tiene resto para disminuir la velocidad y tomarla sin derrapar ni perder el rumbo. Para más adelante quedará la evaluación del daño, económico, social y político. No tiene sentido negar que se trata de un ajuste, pero tampoco perder de vista su carácter heterodoxo y la decisión de atemperarlo con todo tipo de medidas que no desamparen a la base social del kirchnerismo. Este no será un año de avance, pero esas políticas pueden minimizar el retroceso.


Un contrato vigente 
El adverso contexto internacional, con un flujo de capitales que vuelve a dirigirse de la periferia al centro; la merma de la actividad por los obstáculos a las importaciones que planteó desde Comercio Interior un especialista en jugar con cosas que pueden romperse y no tienen repuesto; el insoportable mes de diciembre (con la peor ola de calor que se conozca, los cortes de luz, los intencionados motines policiales y las consecuentes zonas liberadas); la opción del nuevo equipo económico por un gradualismo que da resultados en el agua destilada del laboratorio pero no en el barroso río de las pirañas; la aceleración del ritmo devaluatorio e inflacionario y la inmediata disparada de precios, no escalaron el conflicto social que en cualquier otra época de los últimos sesenta años hubiera producido llamas y derrumbes. A pesar de los padecimientos, la incertidumbre y la espantosa cantidad de vidas humanas perdidas en el diciembre tórrido de los saqueos, el contrato recíproco de lealtad entre CFK y la base social de su estructura política resistió. La presidente tiene conciencia de la importancia de ese pacto con un núcleo duro que, a pesar del ostensible malhumor social de los últimos meses, no la abandona porque sabe que no hay mejor opción. Durante sus últimas apariciones públicas, anunció medidas destinadas a atenuar las secuelas del salto inflacionario, como los programas de asistencia a los jóvenes de 18 a 24 años sin empleo ni estudios, el aumento a jubilados o la canasta escolar, a lo que se suman los acuerdos de precios anunciados desde la jefatura de gabinete, el Ministerio de Economía y la Anses, cuya aplicación es el nuevo terreno en disputa. Gracias a las medidas similares que se vinieron tomando durante años, no se produjo hasta ahora un salto brusco de la desocupación ni un desplome vertical de los salarios, dos variables sometidas a extrema tensión, que serán centrales en las inminentes negociaciones paritarias. Del mismo modo, la sorprendente dureza del discurso público contra el sindicalismo más dispuesto a defender las conquistas de estos años, se compensó con las reuniones privadas que Cristina mantuvo con los líderes de las centrales sindicales próximas: con Hugo Yasky en la Casa de Gobierno y con Antonio Caló en Olivos, en las que se exploraron fórmulas para que los convenios en discusión no dejen a los trabajadores a la intemperie ni realimenten la inflación. En ambos encuentros la presidente objetó la reapertura automática de las mesas de discusión dentro de cuatro o seis meses y las cláusulas gatillo de actualización a partir de cierto nivel de precios. Su contraoferta de un aumento anual pero fragmentado en tramos tampoco fue aceptada. Menos contundente fue su rechazo a un aumento inmediato de suma fija que permita aguardar hasta ver en qué niveles se aquietan las variables en movimiento, dada la dificultad de asentar algo sobre arenas movedizas. Pese a la peor crisis mundial en un siglo, el producto interno argentino de estos años superó no sólo al de los países centrales, sino también al de los demás de la región, incluso aquellos cuya producción exportable gozó de mejores términos del intercambio. Además se mantuvieron los niveles de ocupación y de salarios, a expensas de la rentabilidad de las 500 empresas de mayor tamaño, que disminuyó casi diez puntos (de 35,8 a 26,5 por ciento) desde que Cristina asumió la presidencia en 2007, como se observa en el gráfico 1. También se redujo la incidencia de las 200 empresas más grandes del país en las exportaciones: del 74,4 en el primer año del mandato inicial de CFK al 64,1 en 2012. Lo mismo ocurrió con el peso de las empresas extranjeras y los grupos económicos locales dentro de ese total, que no obstante sigue siendo descomunal. Ese 64,1 por ciento de las exportaciones en manos de 200 empresas es una limitación estructural que explica el poder de los grandes actores en esos mercados. En 2012 el superávit comercial rozó los 13.000 millones de dólares. Pero las 200 empresas más grandes tuvieron un saldo comercial de casi 30.000 millones de dólares y el resto de la economía argentina un déficit que rondó los 17.000 millones (gráfico 2). Más acentuado es el cuadro si se limita a las cruciales exportaciones cerealeras: quince empresas representan el 95 por ciento de todos los porotos de soja exportados en 2013. La vida te da sorpresas: la primera de la lista no es Dreyfuss, Cargill, Toepfer, Bunge o Nidera, sino la Asociación de Cooperativas Argentinas, con casi el 18 por ciento del total. Sumado al 7 por ciento de Agricultores Federados Argentinos la cuarta parte de esas exportaciones son manejadas por cooperativas próximas a la Federación Agraria. No por casualidad, su presidente, Eduardo Buzzi, fue el primer dirigente que en plena corrida cambiaria puso el foco en las retenciones, para advertir que no aceptarían un aumento compensatorio de la devaluación. Pero quien perfeccionó el razonamiento fue el presidente de la Sociedad Rural, Luis Miguel Etchevehere, quien dijo que no pedían una devaluación (¡si ya la habían conseguido!) sino “que se reduzcan y eliminen retenciones” para ganar competitividad. Se comprende: las retenciones tienen carácter estructural y cualquier territorio ganado se defiende como la casa propia. Lo mismo ocurrió con los aportes patronales reducidos por Cavallo hace dos décadas, con el mismo argumento de la competitividad. Nunca fue posible reponerlos y sólo contribuyeron a engrosar la rentabilidad empresaria sin mejorar su capacidad competitiva, que depende de decisiones macroeconómicas, de inversión y desarrollo tecnológico.


El piso o el techo
Es imposible responder en términos binarios si la fijación del tipo de cambio en 8 pesos por dólar fue una imposición de los productores y exportadores que se negaron a liquidar más de un décimo de la cosecha de soja, o una decisión soberana del gobierno nacional. El ministro Axel Kicillof prefería tipos de cambio diferenciales, pero no convenció al Poder Ejecutivo. La alternativa fue acelerar el ritmo de la devaluación, para acortar la distancia entre la cotización oficial y la ilegal del dólar. Esto pareció funcionar en las primeras semanas. Pero los exportadores agropecuarios advirtieron que si la cotización clandestina seguía como su sombra a la legal conseguirían un logro al mismo tiempo económico y político: forzarían una nueva aceleración devaluatoria y convertirían una reivindicación sectorial en el sentido común de la sociedad. Nunca antes lució tan racional el discurso de los ruralistas: a esa velocidad, “¿quién puede confiar en el peso que se le hace agua en las manos?”, como preguntó Etchevehere. En ese punto, el gobierno apretó el acelerador y recién clavó el freno en 8. La sacudida fue fuerte, como el impacto sobre precios y poder adquisitivo del salario. Para el gobierno ese número es un techo a sostener, para los exportadores un piso desde el cual planificar el ataque sobre las retenciones. Pero además, y como tardía compensación a la persistente falta de instrumentos de ahorro para quienes tienen excedentes, vino el aumento en la tasa de interés, cuyo daño colateral sobre el nivel de actividad aún no puede evaluarse. Las reservas perdidas fueron significativas pero bien empleadas, porque tendieron un puente hacia la liquidación de la próxima cosecha. Aún así, pasada la corrida, la brecha superior al 50 por ciento sigue siendo una incitación peligrosa. De abril a septiembre ingresará al cofre del Banco Central buena parte de lo que permitió salir ahora. Lo que pase a partir de octubre dependerá de otras variables: si el gobierno volverá a utilizar el tipo de cambio como freno de mano antiinflacionario, qué ocurrirá con el Club de París y los holdouts, la proximidad de la renovación presidencial.


Restricciones 
Hay opciones de política económica que han tenido un efecto benéfico sobre el empleo y el consumo pero que plantean limitaciones estructurales. La elección de la industria automotriz y de la armaduría electrónica de Tierra del Fuego como dinamizadores del crecimiento ha sido un arma de doble filo, porque ambas tienen una balanza comercial muy negativa y además incentivan el consumo energético en rubros no productivos. La integración de partes nacionales es baja en el complejo automotriz y nula en la electrónica, a lo que se suma la deficitaria cuenta de combustibles. La corrección de estos desequilibrios no es fácil y mucho menos en los plazos exiguos que plantean el balance de pagos y el calendario electoral. El mecánico Ricardo Pignanelli y el metalúrgico Antonio Caló han sido los dirigentes de la CGT más comprensivos con la maniobra económica iniciada por el gobierno para salir de la trampa de los paralelos frenos cambiario y comercial, porque sus sindicatos están entre los que más crecieron desde 2003. Pero ahora serían los principales afectados por la corrección de ambos trastornos comerciales. Caló planteó una moderación de los reclamos salariales a cambio de un compromiso de mantenimiento de los niveles de empleo. La fragmentación sindical tampoco facilita las cosas. Los docentes privados de la CGT anunciaron un pedido de aumento del 61 por ciento, una cifra irreal de la que no les costará retroceder sin costo, ya que no deben responder en asambleas ante poderosas bases organizadas, a diferencia de la Ctera que forma parte de la CTA. Todos ellos coexisten, además, con otros dirigentes enrolados en la política de oposición, como Luis Barrionuevo y Hugo Moyano, cuyo petardismo verbal los asocia con marginales como Jorge Yoma, muy locuaz desde que le pidieron cuentas por sus gastos como embajador en México, o el ex senador Eduardo Duhalde quien, como el diario La Nación, lleva años penando por que se hagan realidad sus vaticinios sobre el final apocalíptico del kirchnerismo. La Nación hizo el suyo en 2003, antes de que asumiera Néstor; Duhalde en 2007, durante la primera campaña electoral de Cristina. La deriva de Moyano, del kirchnerismo ardiente a la alianza electoral con Francisco de Narváez, su reconciliación con Patricia Bullrich (quien ha perdido interés en las propiedades y cuentas bancarias del camionero) e incluso Maurizio Macrì, a quien prodigó elogios inverosímiles, es tan errática como la de un globo que se desinfla. Por intermedio de uno de sus hijos también tiende puentes con el diputado bonaerense Sergio Massa, quien no se apura por corresponderle. Con un Moyano le basta, y el juvenil Facundo le parece más atractivo que Hugo, quien hace un mes llegó a los 70 años sin encontrar la fórmula para convertir su fortaleza gremial en poder político, dada la desmesura de sus ambiciones y el desatino con que muta de alianzas, en las que no intervienen la reflexión ni el cálculo.

Altri tempi 
Desde distintos sectores de lo que podría denominarse la izquierda K se plantean alternativas de profundización que eludan los condicionamientos señalados: alguna forma de intervención estatal en el comercio de cereales o la lisa y llana reforma agraria. Son inquietudes legítimas para no someterse a las condiciones que se intentan imponer al gobierno y la sociedad, pero su aplicación requeriría de adecuaciones para las que al actual gobierno no le sobra el tiempo. Suponiendo que ya existiera un organismo regulador como el IAPI del primer peronismo o la Junta Nacional de Granos que disolvieron Menem y su ministro Felipe Solá, no podría dar respuesta a las advertencias del vicepresidente de Confederaciones Rurales, Pedro Apaolaza (“El productor va a comercializar cuando quiera porque todavía estamos en un país libre”). La intervención manu militari de los silobolsas está fuera de cualquier hipótesis. Las condiciones del agro argentino tampoco permiten una proyección mecánica de aquellos modelos. En la primera mitad del siglo pasado, los pequeños arrendatarios resistían la explotación de los grandes propietarios pampeanos. En el actual paradigma sojero, en cambio, no median relaciones de explotación entre quienes ceden y quienes toman tierras ya que las economías de escala operan en pequeñas, grandes y medianas superficies. Los principales tomadores de tierras son también propietarios y no agentes económicos de otras actividades económicas. Muchos obtienen reducciones de costos al aumentar la superficie trabajada y otros alcanzan un buen pasar como rentistas. Una propuesta tradicional de reforma agraria unificaría a todos en contra y en todo el país, ya que la soja rompió los límites de la región pampeana. Pero ese agro que adquirió dimensión nacional sigue siendo manejado por los descendientes de la oligarquía pampeana. Peor aún, en esas nuevas regiones sojeras hasta los trabajadores podrían identificarse con los propietarios, ya que ganan más que con los cultivos tradicionales desplazados. Sin hablar del apreciable número de gobernadores, legisladores y sus familiares, del oficialismo y de la oposición, que se dedican a esos cultivos.

Activos 
Además de la fidelidad de su base a Cristina, el gobierno cuenta entre sus activos con la falta de confluencia entre los intereses de los sectores dominantes. Sólo en ese sentido la situación es similar a la de los últimos años del alfonsinismo, cuando los acreedores externos competían con los grupos locales subsidiados por los escasos recursos que le quedaban a un Estado en bancarrota y sin acceso a los mercados internacionales. La solución que idearon Henry Kissinger y el Citibank y que Menem aplicó con la pasión del converso consistió en unificar esos intereses antagónicos en un negocio común: el desguace del capital social acumulado por generaciones de argentinos en las empresas del Estado, a precio vil. Para ello impusieron la formación de asociaciones que debían incluir a bancos acreedores que aportaban los títulos depreciados de deuda, operadores internacionales capaces de mantener en funcionamiento los servicios públicos y grupos económicos locales idóneos para aceitar las bisagras de las puertas que se necesitaba abrir, en el momento oportuno. Esos fueron los años excepcionales en los cuales se revirtió la tradicional fuga de capitales, porque los dineros fugitivos volvieron para aprovechar esa oportunidad única. Luego de la reelección de Menem en 1995, los grupos locales vendieron su participación a los extranjeros y realizaron sus ganancias extraordinarias en la producción agropecuaria y los depósitos en el extranjero, a la espera de la próxima gran devaluación, que en 2002 les concedería Duhalde. La fantasía de repetir hoy una o varias partes de esa operación no tiene asidero en los intereses y las relaciones de fuerza actuales. Apreciar el dólar y/o suprimir las retenciones es un programa del sector agropecuario al que adhirieron algunos dirigentes, como Hermes Binner, Elisa Carrió y Sergio Massa, pero que disgusta al sector industrial productor de bienes no transables y a los prestadores de servicios públicos, donde siguen prevaleciendo las empresas extranjeras. La modificación de precios relativos y el desfinanciamiento del Estado van en contra de ellos y no sólo de los trabajadores, porque de allí deberían salir los recursos que se resignen. Unificar esos intereses contrapuestos es una tarea para genios políticos y económicos, que no abundan. El debate instalado a partir de la insidiosa frase que el Papa Francisco le transmitió a José Mendiguren para que la repitiera aquí (“hay que cuidar a Cristina”, con todos los subtextos implícitos que cada uno pueda agregarle), es puro artificio. No hay condiciones estructurales para la hecatombe en la que sólo se interesan algunos vivillos irrelevantes, como Yoma, Duhalde o Barrionuevo.

De ahora en más
Las consecuencias políticas de todo esto son una incógnita que nadie puede dar por resuelta con alguna seriedad y lo único que proliferan son operaciones interesadas en favorecer alguna de las hipótesis. A lo sumo puede formularse el dilema que se desenvolverá en el próximo año y medio:
- El kirchnerismo consigue hacer pie en ese núcleo duro inconmovible, llega con un candidato propio a la disputa electoral y se consolida como una nueva identidad política con la que sea imprescindible contar de ahí en más, bajo la conducción de Cristina (ya sea que ese candidato se imponga, por dentro o por fuera del PJ, o que retenga un porcentaje apreciable de los votos, no inferior al 20 por ciento); o bien
- Se diluye sin pena ni gloria y estos años se recordarán con nostalgia como una encarnación efímera del justicialismo, igual que antes el menemismo.

Como corresponde, ambas opciones tienen firmes partidarios dentro del heterogéneo universo que en estos años acompañó al gobierno nacional.

domingo, 9 de febrero de 2014

CARTA ABIERTA Nº 15 - LA PATRIA EN PELIGRO

TEXO COMPLETO DEL DOCUMENTO APROBADOO EN LA PRIMER ASAMBLEA DEL  AÑO DEL ESPACIO "CARTA ABIERTA"
No es a menudo que surge esta idea de fuerte raigambre en todas las épocas, recordable en las grandes jornadas libertarias del siglo XIX en Latinoamérica y Europa, que es parte de un llamado urgente y a la vez de una inevitable vocación de activismo. Un puñado de grandes empresas (Cargill, Noble Argentina, Bunge Argentina, Dreyfus, Molinos Río de la Plata, Vicentín, Aceitera General Deheza, Nidera y Toepfer) que exporta más del 90 por ciento del grano, aceite y harina de soja argentinos, histórica base de la riqueza y la producción del país, ha organizado un cepo financiero sobre el Gobierno, obligándolo a tomar medidas difíciles y comprometedoras del futuro del país, como la devaluación, más allá de que, en el momento de jaque final, el propio Gobierno haya dejado correr esa presión asfixiante del mercado exportador para poder retomar la iniciativa a partir de una devaluación no deseada. Es grave. No es un simple episodio más de la historia económica nacional. Las grandes organizaciones agropecuarias tienen todas fuertes vínculos internacionales, financieros, comunicacionales y siempre están dotadas para producir el espejismo de que sus intereses coinciden con los de una gran parte de las desconcertadas clases medias argentinas.

Lo cierto es que han conseguido forzar e imponer una depreciación del peso no querida por el Gobierno ni conveniente para las mayorías populares, y tienen la estrategia de profundizarla a niveles sustancialmente mayores. Hay que reconocerlo y, en un momento particularmente dramático, reponer nuestras fuerzas y dignidad para la lucha, pues esto exigirá grandes esfuerzos para que la devaluación no recaiga en los amplios estratos de las clases populares, históricamente las más perjudicadas con este tipo de medidas. La defensa de los “precios cuidados” es en ese sentido una tarea primordial. Suele verse exageración o grandilocuencia cuando se denuncia que esta situación incita a la desestabilización política, pero lo cierto es que aunque esto pueda no estar en la táctica inmediata de los grandes grupos amparados en las nuevas tecnologías de la globalización, en una sociedad castigada y temerosa, el resultado de sus acciones puede ser imprevisible. Estos sectores provienen de los primeros tiempos de la organización nacional argentina, momentos en que se configuraron como una oligarquía dócil a la división internacional del trabajo, aunque en su seno no dejó de haber impulsos proteccionistas y una apuesta a ciertos modos de intervencionismo estatal en el mercado de granos y carnes, justamente en la época del conservadurismo previa a la irrupción del peronismo y en el contexto de la gran crisis.

Viejos y nuevos grupos, siempre pocos, ahora de mayor espesor y concentración de su economía y específica relación con las políticas vinculadas a las potencias mundiales de esta etapa histórica de la modernidad, asedian al gobierno popular encabezado por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que tomó medidas de gran significación para democratizar la sociedad avanzando en la inclusión, la ampliación de derechos y la redistribución de la renta nacional a favor de las mayorías nacionales, tanto de las clases medias como de los sectores más carenciados. Ese asedio es posible porque están pendientes de cerrar los amplios márgenes de maniobra que aún conservan estos grupos monopólicos. Ahora, con nuevas tecnologías de siembra y amparados en grandes fábricas de semillas transgénicas –cuyo uso y regulación debe ser parte de un amplio debate– han reorganizado socialmente el campo de la producción agropecuaria, con trazados tan novedosos que los viejos productores y arrendatarios (de antiguo cuño genuinamente productivo) han decidido asociarse a los horizontes construidos con la expansión de la frontera productiva de la soja, cambiando el perfil de las relaciones económicas y de clases sociales. El modo de propiedad, que para muchos significó hace un siglo protestar contra los latifundios, hoy se expresa en una privatización facciosa de la renta agraria, basada en la hipótesis magna del rechazo ciego a las necesarias intervenciones estatales, como poder público democrático representante de la nación y su equilibrio de intereses a favor de la población más desfavorecida e históricamente castigada por ajustes y teorías sobre las restricciones salariales, como variables compensatorias que tributan al imperio del capitalismo globalizado. Estos actores, concentrados fundamentalmente en la Pampa Húmeda, se apropiaron de manera excluyente de la denominación “campo”, mientras la mayoría de los campesinos del país situados en otras regiones resisten, porque los amenaza y perjudica, el modelo agrario que aquellos instalaron y cuya intensificación predican.

Es necesario recrear la imaginación histórica de una cadena de acontecimientos que tienen que contar nuevamente con gran apoyo popular. Quienes se sintieron alguna vez llamados por un conjunto de decisiones gubernamentales, cuyos grados de imperfección o de error están y deben estar en discusión, pero que tuvieron clara vocación de autonomía y soberanía nacional y social, y asimismo de justicia emancipatoria en todos los ámbitos de la vida económica, pública y cotidiana, deben nuevamente realizar un examen de su vocación política. Nos esperanza que el resultado de ese examen, hecho por hombres y mujeres que apoyan al Gobierno, o que lo apoyaron y se sienten desencantados, o que se guían por trazados políticos que pueden ser secundarios si las cuestiones en juego son mayores (por eso, socialistas, autonomistas, liberales, nacionalistas, radicales, peronistas, izquierdistas, republicanos, son destinatarios de esta interpelación), los haga ser quienes piensen las grandes disyuntivas sociales, sin la neblinosa cortina de cenizas que imparten los magnos catecismos de la piqueta del demoledor o la pala del enterrador. Una gran restauración del viejo país oligárquico está pronta a mostrar sus dientes de hierro, lo que serían sus herramientas de ajuste, que pretenden que, en una transición aleccionadora se empleen como prólogo, por un gobierno que supo tener consecuencia en políticas opuestas a esa lógica antipopular. Vienen con su populismo de turno, sus escribidores de estación, sus periodistas de cosecha unánime, aunque quizá sin sus juntas reguladoras del comercio exterior, como sus antepasados, sin embargo, supieron constituir.

Un nuevo estilo movilizatorio, una confluencia de fuerzas grupales e individuales, nuevas ideas para la defensa de lo valioso que significa esta experiencia, que no es una falsía, aunque pueda estar rodeada de grandes descuidos, es lo que se reclama. Este proceso transformador, conducido por Néstor y Cristina Kirchner, ha sido una recreación de las militancias y el fervor público nacional, ancladas en una larga memoria popular que no tiene propietarios, con ritualismos tal vez que no por repetitivos dejaron de acompañar los procesos populares. El proyecto que se ensayó esta vez, amplio, democrático y plural, posee una necesaria juventud que ningún momento histórico debe rechazar, aunque sí emplazar dentro de vastas alianzas sociales, hoy mermadas. Ahora debemos sentirnos a las puertas de una nueva movilización, preparada con responsabilidad y pasos precisos que ramifiquen el llamado. Los temas cruciales que laten en las bocas y corazones podrán convertirse en nuevos cánticos, deberán tornarse motivo de interés masivo por medidas y cambios institucionales trascendentes y necesarios desde hace tiempo, para avanzar en mecanismos que establezcan el manejo estatal del comercio exterior. Nuestro país ha visto cíclicamente amenazados, boicoteados y truncados proyectos de desarrollo nacional autónomo por la restricción externa, es decir, por la insuficiencia de divisas. Estas son el recurso clave para la continuidad y profundización de dinámicas progresivas. Por lo tanto resulta indispensable sustraer la disposición sobre éstas del chantaje monopólico y garantizar su control gubernamental. Será necesario avanzar en la creación de las instituciones que lo hagan posible, lo que implicará una disputa de intereses que no ahorrará conflictos, razón por la que se impone generar un movimiento de opinión y la movilización social (como ocurrió con la Ley de Medios Audiovisuales) que acompañe la consecución de ese objetivo auténticamente democrático. La soberanía en la disposición de las divisas requerirá avanzar en otras áreas para reforzar o establecer el control estatal y social (por ejemplo, a los puertos privados), mayores regulaciones al capital especulativo y al sistema financiero, especialmente a la banca de propiedad extranjera, entre tantas. Estos objetivos no pueden ser otra cosa que las banderas de un patriotismo constitucional y social, que vea las acechanzas y dificultades y no se atemorice cuando deba salir al espacio público para señalarlas y conjurarlas.

En este momento de agudo peligro para las esperanzas y el futuro de millones de compatriotas, sentimos la necesidad de este llamado que recoge los ecos de muchas de las luchas encarnadas por variadas tradiciones políticas del país. Escuchemos todos, escuchémonos a tiempo.

EL MEDIO PELO EN LA SOCIEDAD ARGENTINA - ARTURO JAURETCHE





"...Con "El medio pelo en la sociedad argentina" (1966) Jauretche ofreció una "sociología con estaño", más veraz que la aportada por los sociólogos del sistema. Nunca la intocable clase media se había visto tan desnuda, interpelada y cuestionada..."
Norberto Galasso






miércoles, 5 de febrero de 2014

“HAY SECTORES QUE ESTÁN DECIDIDOS A UN EMBATE ESPECULATIVO Y DESESTABILIZADOR COMO LA RURAL”


Roberto Baradel, Secretario General de la CTA Pcia. de Bs. As. y Sec. Gral de Suteba, fue entrevistado en Nacional Rock respecto a las paritarias docentes y también se refirió a las maniobras especulativas de distintos sectores "que intentan apropiarse de la renta de todos los trabajadores".

Hay sectores que “sin ninguna duda -y no es por este Gobierno nada más porque ha pasado en el de Alfonsín también-, intentan apropiarse de la renta de todos los trabajadores, especulando con esta suba de precios que no tiene ninguna correlación con la realidad”, dijo en la entrevista realizada durante el programa radial

Baradel analizó la discusión paritaria que se da en este contexto en el que hay sectores que pujan por quedarse con la renta de los argentinos y aseguró: “Vamos a ser muy firmes en defender el salario de los trabajadores”.

martes, 4 de febrero de 2014

ES UNA EMBESTIDA CONTRA LOS SECTORES POPULARES

Previo a una reunión de mesa nacional, el secretario general de la CTA, Hugo Yasky, habló con los medios en donde adelantó los temas a tratarse en el encuentro de la conducción, que tuvo lugar este martes 28 a la tarde, en la sede nacional de la CTA.


“La CTA va a evaluar la situación que se generó a partir de toda la ofensiva de los grupos financieros que de manera convergente generaron distintos sectores. Frente a esa ofensiva estamos tratando de generar una ofensiva de los sectores populares, que en primer lugar signifique denunciarlos. Que la gente sepa quiénes son, los intereses que defienden, por qué quieren llevar a nuestro país al borde de una nueva crisis, por qué reclaman la devaluación y qué vínculos tienen con los fondos buitres”, adelantó Yasky.

“También vamos a convocar a los pequeños y medianos empresarios y productores del campo, para articular un movimiento que permita a los sectores populares tomar una iniciativa para defender lo conquistado, sostuvo el secretario general de la CTA.

Asimismo, Yasky agregó: “Necesitan que a los argentinos nos tiemble el piso debajo de los pies y necesitan generar un escenario como el que vivió el gobierno de Alfonsín en su final, para justificar las políticas de shock. Hay que liquidar al pueblo argentino para convencerlo de que lo que proponen es al única salida. Y no es una embestida contra Cristina Kirchner, es una embestida contra los sectores populares, los que no podemos jugar en la timba financiera”.

Desestabilización, aumento de precios y discusión de paritarias fueron algunos de los temas que también se tratarán en la reunión, según adelantó el dirigente de la CTA.