sábado, 24 de mayo de 2014

LA ASOCIACION ARGENTINA DE ACTORES RECHAZA LAS EXPRESIONES DEL EMPRESARIO ADRIAN SUAR


No nos sorprenden las declaraciones de Adrián Suar, lo que no quiere decir que no nos produzcan desagrado y merezcan desde nuestro sindicato el rechazo más absoluto. Es evidente que en la balanza de sus actitudes, se reconoce más como empresario que como actor. Por lo tanto la crítica que hacemos a sus desdichadas declaraciones no conlleva el reclamo de lealtad al colectivo que agrupa nuestro gremio.


Es común encontrar en el sector empresarial esa aversión hacia la participación política de sus empleados, hacia lo ideológico, aún hacia la toma de conciencia de los trabajadores cuando deciden agruparse y sindicalizarse. El sueño de un mundo sin sindicatos que velen por los derechos de los trabajadores se hace explícito en la permanente intención de mantener el trabajo precarizado. Y no conformes con esto, como en este caso, pretenden la asepsia de pensamiento de los actores, ávidos de seguir manteniéndonos dentro de la “ficción”; esa que intencionalmente intenta trocar nuestro trabajo y nuestro arte por farándula, fuera de la realidad.

Suar pretende que defendamos exclusivamente intereses particulares. Que no nos importe el compañero. Que no nos importe nadie más que nosotros mismos. Pretende que no tengamos pensamiento político, participación ciudadana y lo más grave, opinión. La situación de debilidad de cualquier trabajador actor, famoso o no, frente a nuestros patrones hace que las palabras de Suar suenen a amedrentamiento. Pues son ellos en cada oportunidad y por un tiempo limitado los que determinan quienes trabajan y quienes no.

Como sabemos, hay varias maneras de limitar la libertad de expresión. Por supuesto que los actores conocemos la censura, las listas negras de épocas nefastas por la que atravesó nuestro país. Triple A y Dictadura, ejercieron sobre nosotros la represión en toda sus formas. Desgraciadamente, 28 compañeros detenidos desaparecidos así lo certifican. Tal vez estas expresiones bravuconas, quizá guionadas para provocar, no tienen la dimensión de lo sucedido en aquellos tiempos, pero igualmente, en plena democracia, tenemos la obligación de alertar sobre este escenario en donde desde el poder real se quiere imponer el mismo silencio, el mismo orden, el mismo temor, que nada se mueva, que los actores seamos meros decidores de textos ajenos, aún en la vida real.

Nos ha costado, todavía nos cuesta, y seguimos luchando para que los empresarios del sector, Suar entre ellos, reconozcan plenamente nuestra condición de trabajadores y respeten íntegramente nuestros derechos laborales. Lo único que falta es que sea un exponente de ese sector el que pretenda darnos el certificado de buenos ciudadanos y nos diga qué debemos decir y qué no.

CONSEJO INTEGRAL
ASOCIACIÓN ARGENTINA DE ACTORES

jueves, 22 de mayo de 2014

EL NOMBRE DEL KIRCHNERISMO

Opinión de Ricardo Forster, publicada en el diario Página/12.


Desplegando una política audaz y a contrapelo de las hegemonías mundiales; subvirtiendo las “formas” institucionales aprovechando el profundo descrédito en el que habían caído esas mismas instituciones en el giro del siglo y en medio del estallido del 2001 para devolverles una legitimidad perdida; rescatando lenguajes y tradiciones sobre las que el paso del tiempo y las garras de los vencedores habían dejado sus marcas envenenadas; ejerciendo, con fuerza anticipatoria, una decisiva reparación del pasado que habilitó, en un doble sentido, un camino de justicia y una intensa querella interpretativa de ese mismo pasado que tan hondamente había marcado un tiempo histórico rescatado del ostracismo, Néstor Kirchner rediseñó, hacia atrás y hacia adelante, la travesía del país. Conmoción e interpelación. Dos palabras para dar cuenta del impacto que en muchos de nosotros provocó esa inesperada fisura de una historia que parecía destinada a la reproducción eterna de nuestra

inagotable barbarie. Ruptura, entonces, de lo pensado y de lo conocido hasta ese discurso insólito que necesitaba encontrarse con una materialidad histórica que, eso pensábamos, huía de retóricas del engaño o la autoconmiseración. El kirchnerismo, ese nombre que se fue pronunciando de a poco y no sin inquietudes, desequilibró lo que permanecía equilibrado, removió lo que hacía resistencia, cuestionó lo que permanecía incuestionable, aireó lo asfixiante de una realidad miasmática y, por sobre todas las cosas, puso en marcha de nuevo la flecha de la historia.

Con pasiones que parecían provenir de otros tiempos, los últimos años, en especial los abiertos a partir de la disputa por la renta agraria en el 2008, han sido testigos de querellas intelectual-políticas que obligaron a cada uno de sus participantes a tener que tomar partido. Fue imposible sustraerse a la agitación de la época y a la vigorosa interpelación que el kirchnerismo le formuló a la sociedad. La política, con sus intensidades y sus desafíos, con sus formas muchas veces opacas y otras luminosas, se instaló en el centro de la escena nacional para, como hacia mucho que no sucedía, convocar a aquello que siempre estuvo en su interior aunque pudiera, en ocasiones, quedar escondido por las hegemonías del poder real: el litigio por la igualdad.

El kirchnerismo salió al rescate de tradiciones y experiencias extraviadas corriendo la pesada lápida que había caído sobre épocas en las que no resultaba nada sorprendente el encuentro, siempre arduo y complejo, de la lengua política y los ideales emancipadores, y al hacerlo desafió a una sociedad todavía incrédula que sospechaba, otra vez, que le querían vender gato por liebre. En todo caso, hizo imposible el reclamo de neutralidad o de distanciada perspectiva académica, hizo saltar en mil pedazos la supuesta objetividad interpretativa o la reclamada independencia periodística mostrando, una vez más, que cuando retorna lo político como lenguaje de la reinvención democrática se acaban los consensos vacíos y los llamados a la reconciliación fundados en el olvido histórico. Lo que emerge, con fuerza desequilibrante, es la disputa por el sentido y la irrevocable evidencia de las fuerzas en pugna.

El kirchnerismo vino a sacudir y a enloquecer la historia. El impacto enorme de su impronta, de esa invención a contracorriente formulada en mayo de 2003, sigue irradiando alrededor nuestro y continúa definiendo el horizonte de nuestros conflictos y posibilidades. Hoy, cuando nos acercamos a una encrucijada política compleja, esta experiencia caudalosa y transgresora quiere ser reducida a una etapa ya superada en nombre, una vez más, de la “unidad del movimiento”. Una unidad, lo sabemos por experiencia histórica, que cuando se proclama y se impone acaba por reducir al peronismo a fuerza conservadora. Cuando en el peronismo se habla de englobar a todos los sectores, cuando se escucha aquello de que “finalmente somos todos compañeros”, lo que se está diciendo sin decirlo es que se prepara, una vez más, la pirueta que conduce al establishment y al status quo, el giro que vuelve a depositarlo en el núcleo de la repetición. Hoy, y bajo distintos nombres (suenan con sus diferencias los de ciertos gobernadores, esos que siempre estuvieron lejos de kirchnerizar al peronismo de sus provincias, y, por supuesto, los del nuevo heraldo del peronismo conservador y noventista que viene del Tigre) se busca cerrar la anomalía iniciada en mayo de 2003.

De nuevo, y como un signo de su historia zigzagueante, regresa una disputa que, eso hay que decirlo, no dejó de acompañarlo, al menos, desde el conflicto de la 125 en la que una buena parte del PJ confluyó con la corporación agromediática (el massismo es hijo de esa confluencia). En esos días calientes en los que tantas cosas fueron puestas sobre la mesa, y en los que los actores asumieron sus papeles en el drama de la historia, el kirchnerismo encontró su nombre y su potencia, pudo darle palabras a su desafío y a su proyecto. En esos días, también, algo inevitable volvería a sacudir al peronismo. Hoy, cuando todo sigue estando en disputa y bajo la forma del riesgo, regresa la amenaza de la restauración, pero no como una acción extemporánea, venida de afuera, sino como la horadación que se precipita desde el interior. No hay peor cuña que la que se hace con la astilla del mismo palo. Por eso es imprescindible discutir críticamente el legado del propio peronismo, no dejarlo desplegarse como si nada guardase de peligroso en su devenir histórico y sospechando, siempre, de los cultores de la “unidad por sobre todas las cosas”. No se trata de ir a la búsqueda de una pureza imposible y viscosa, pero tampoco de ir con todos y con cualquiera con tal de preservar, sin principios, el poder.

Lejos, muy lejos del espíritu de lo fundado por Néstor Kirchner, se encuentra el diagrama de aquellos que buscan concretar el final de un ciclo pronunciando otro nombre muy diferente del que talló de manera inesperada lo mejor de un país que se reencontró con una oportunidad que ya no alcanzaba siquiera a imaginar. Un nombre novedoso y opuesto al de las corporaciones, surgido en la tierra de los vientos sureños y que se extendió por el país, que tendrá que enfrentarse a sus límites y contradicciones, a sus debilidades y a sus errores, pero que, sobre todo, tendrá que profundizar el núcleo desafiante y novedoso que introdujo en el interior de una sociedad desesperanzada. Y tendrá que hacerlo sin renunciar a esa impronta, sabiendo que no es posible ni justo replegarse hacia una política testimonial preparándose para otro tiempo más lejano que, cuando supuestamente llegue, volverá a encontrar un país desolado por la inclemencia de los poderes corporativos. Poderes que, como en otras épocas, no desaprovecharán la oportunidad que aguardan con la glotonería de quienes están listos para reconstruir su hegemonía. Pero también sabe, siempre lo ha sabido, que en el drama de una historia que sigue buscando la igualdad nadie puede eludir las impurezas y el barro. Las oportunidades de cambiar a favor de las mayorías populares la trama de la sociedad son rarezas que no se pueden desaprovechar. Sin garantías, como al comienzo de esta historia, el kirchnerismo, su nombre, deberá seguir insistiendo.

Pocos, muy escasos, acontecimientos políticos han despertado tantas polémicas, tantas querellas y tantas pasiones como lo abierto por la irrupción de esta extraña figura proveniente del sur patagónico. En Kirchner y, con una potencia duplicada por el propio dramatismo de una muerte inesperada, en Cristina Fernández se ha desplegado lo que pocos creían que podía volver a suceder en el interior de la realidad argentina: la alquimia de voluntad, deseo, inteligencia y audacia para torcer una historia que parecía sellada. El retorno, bajo las condiciones de una particular y difícil época del país y del mundo, de la política como ideal transformador y como eje del litigio por la igualdad. Ese es el punto de inflexión, lo verdaderamente insoportable, para el poder real y tradicional, que trajo el kirchnerismo: el corrimiento de los velos, el fin de las impunidades materiales y simbólicas, la recuperación de palabras y conceptos arrojados al tacho de los desperdicios por los triunfadores implacables del capitalismo neoliberal y revitalizados por quienes, saliendo de un lugar inverosímil, vinieron a interrumpir la marcha de los dueños de lo que parecía ser el relato definitivo de la historia.

Kirchnerismo como el nombre de una reparación, como el santo y seña de un giro que habilitó la restitución de derechos y de memoria, pero también como el nombre de una refundación de la política sacándola del vaciamiento y la desolación de los noventa. Y haciéndolo de manera transgresora, pero no al modo de la farandulesca, banal y prostibularia “transgresión” del menemismo, sino quebrando el pacto ominoso de la clase política con las corporaciones, tocando los resortes del poder y haciendo saltar los goznes de instituciones carcomidas por la deslegitimación. Kirchnerismo como el nombre de una insólita demanda de justicia en un país atravesado por la lógica del olvido y la impunidad.

El kirchnerismo, entonces y a contrapelo de los vientos regresivos de la historia, como un giro de los tiempos, como la trama de lo excepcional que vino a romper la lógica de la continuidad. Raras y hasta insólitas las épocas que ofrecen el espectáculo de la ruptura y de la mutación; raros los tiempos signados por la llegada imprevista de quien viene a quebrar la inercia y a enloquecer a la propia historia redefiniendo las formas de lo establecido y de lo aceptado. Extraña la época que muestra que las formas eternas del poder sufren, también, la embestida de lo inesperado, de aquello que abre una brecha en las filas cerradas de lo inexorable que, en el giro del siglo pasado, llevaba la impronta aparentemente insuperable del neoliberalismo.

Es ahí, en esa encrucijada de la historia, en eso insólito que no podía suceder, donde se inscribe el nombre del Kirchnerismo, un nombre de la dislocación, del enloquecimiento y de lo a deshora. De ahí su extrañeza y hasta su insoportabilidad para los dueños de las tierras y del capital que creían clausurado de una vez y para siempre el tiempo de la reparación social y de la disputa por la renta.

En el nombre del Kirchnerismo se encierra el enigma de la historia, esa loca emergencia de lo que parecía clausurado, de aquello que remitía a otros momentos que ya nada tenían que ver, eso nos decían incansablemente, con nuestra contemporaneidad; un enigma que nos ofrece la posibilidad de comprobar que nada está escrito de una vez y para siempre y que, en ocasiones que suelen ser inesperadas, surge lo que viene a inaugurar otro tiempo de la historia. El kirchnerismo, su nombre, constituye esa reparación y esa inauguración de lo que parecía saldado en nuestro país al ofrecernos la oportunidad de rehacer viejas tradiciones bajo las demandas de lo nuevo de la época. Con él regresaron debates que permanecían ausentes o que habían sido vaciados de contenido. Pudimos redescubrir la cuestión social tan ninguneada e invisibilizada en los noventa; recogimos conceptos extraviados o perdidos entre los libros guardados en los anaqueles más lejanos de nuestras bibliotecas, volvimos a hablar de igualdad, de distribución de la riqueza, del papel del Estado, de una Latinoamérica unida, de justicia social, de capitalismo, de emancipación y de pueblo, abandonando los eufemismos y las frases formateadas por los ideólogos del mercado.

Casi sin darnos cuenta, y después de escuchar azorados el discurso del 25 de mayo de 2003, nos lanzamos de lleno a algo que ya no se detuvo y que atraviesa los grandes debates nacionales. El nombre del Kirchnerismo, su impronta informal y desacartonadora de discursos y prácticas, nos habilitó para volver a soñar con un país que habíamos perdido en medio del desierto de una época caracterizada por las proclamas del fin de la historia y la muerte de las ideologías e incluso de la política. Apertura de un tiempo capaz de sacudir la inercia de la repetición maldita, de esa suerte de inexorabilidad sellada por el discurso de los dominadores. Pero también un nombre para nombrar de nuevo a los invisibles, a los marginados, a los humillados, a los ninguneados que, bajo sus banderas multicolores y sus rostros y cuerpos diversos, se hicieron presentes para despedir a quien abrió lo que parecía cerrado y clausurado en ese día en el que una generación se sintió conmovida y atravesada por su propio 17 de octubre. Los otros del sistema, los pobres y excluidos pero también los pueblos originarios, los habitantes de la noche y los jóvenes de los suburbios y los que sintieron el despertar de la pasión política, los migrantes latinoamericanos que se encontraron con sus derechos y las minorías sexuales que se adentraron en un territorio de la reparación. Ellos, fundamentalmente, le han dado su impronta transgresora al nombre del kirchnerismo. Un nombre que no puede ni debe ser atrapado en la tela de araña de la realpolitik ni ser apropiado por quién o quienes sólo buscan el momento para devaluar lo conquistado haciendo regresar al peronismo a su etapa conservadora. En ellos, con ellos y por ellos no se puede retroceder.

Extravagancias de una historia nacida de lo inesperado y que se deslizó por una grieta mal cerrada del muro de un país desguazado; que lo hizo para interpelarnos de un modo excepcional y que parecía provenir de otros tiempos y de otros corazones pero que se manifestaba en la encrucijada de un presente que pudo, gracias a su aparición a deshora, desviarse de la ruta de la intemperie y la desolación para dirigirse, con la intemperancia de lo inaudito, hacia la reconstrucción y la reparación de una sociedad descreída que, por esos enigmas de la vida y de la historia, se descubrió de nuevo alborozada por antiguas y nuevas militancias, de esas que entrelazaron lo anacrónico y lo contemporáneo. Por eso el arduo y apasionante desafío al que se enfrenta el kirchnerismo en esta hora histórica: seguir conmoviendo el sentido común de una sociedad que nunca imaginó que pudiera ser contemporánea de un giro histórico reparador de la injusticia y la desigualdad o desembocar en la resignada aceptación de un fin de ciclo que se materializaría en candidaturas que nada han tenido que ver con el ímpetu rupturista de lo iniciado en mayo del 2003. El peligro de la regresión está afuera y adentro. Nuestra responsabilidad, aquí y ahora, es seguir reafirmando lo que ha significado y sigue significando el nombre del kirchnerismo.

ACERCA DE LA NULIDAD DE LA CONVOCATORIA DE PABLO MICHELI

Con motivo de la “convocatoria electoral” difundida en diversos medios de comunicación con la firma de los Sres. Pablo Micheli y Daniel Jorajuría Kahrs, la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA), Inscripción Gremial 325/97, se siente en la obligación de comunicar a los afiliados y organizaciones adheridas lo siguiente:

1°) La mencionada “convocatoria electoral” es absolutamente nula y carente de todo efecto, por lo que los afiliados y organizaciones miembros de la Central deben abstenerse de participar;

2°) Recordamos que se encuentra firme la sentencia judicial dictada por la Sala IV de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo, que resolvió conjuntamente las causas “CTA c. Junta Electoral Nacional de la CTA s/Amparo” y “Micheli, Pablo y otros c. Ministerio de Trabajo de la Nación s/Amparo” (exptes. 51.586/10 y 54.788/10), a partir del desistimiento del recurso de queja ante la Corte Suprema presentado por el mismo Pablo Micheli y los ex miembros de mayoría de la Junta Electoral Nacional de la CTA;

3°) Lo que surge claramente de la mencionada sentencia judicial son dos consecuencias: La primera de ellas es la nulidad absoluta de las “elecciones complementarias” convocadas y celebradas de manera fraudulenta el 9/12/2010, en la cual la Lista 1, encabezada por el Sr. Pablo Micheli, fue proclamada ilegítimamente por la mayoría de Junta Electoral Nacional, en abierta violación de la medida cautelar dictada por el Juzgado Nacional de 1ra Instancia del Trabajo n° 24, que le había ordenado abstenerse de toda posesión de cargos relacionada con dichos “comicios” por ser manifiestamente ilegales, en tanto no habían sido convocados por el órgano legal y estatutario correspondiente, esto es, la Comisión Ejecutiva Nacional de la CTA;

4°) La otra consecuencia relevante que deriva de la sentencia de la Sala IV es que el Sr. Pablo Micheli no es “Secretario General” de la CTA, sino que sus autoridades ejecutivas son las que consigna el “Certificado de Autoridades” oportunamente emitido por el Ministerio de Trabajo de la Nación (autoridad de aplicación exclusiva en materia de organizaciones sindicales) y cuyo mandato ha sido prorrogado por dicha autoridad al solo efecto de la normalización definitiva de esta institución.

5°) Vale recordar, asimismo, que el mandato de los miembros de Junta Electoral Nacional de la CTA ha caducado el 14/05/2014, y queda pendiente la designación de los nuevos miembros de dicho órgano hasta la oportunidad en que pueda constituirse válidamente el Congreso Nacional de la CTA, una vez normalizada la situación institucional de la CTA;

6°) En síntesis, la Comisión Ejecutiva Nacional de la CTA es la que mantiene su domicilio legal en la calle Piedras 1065 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y es el único órgano facultado legalmente para llevar a cabo la normalización institucional de la entidad, proceso que —cabe advertir— ha sido sistemáticamente obstaculizado, a través de diversos medios, por el sector liderado por el Sr. Pablo Micheli y los ex miembros de mayoría de la Junta Electoral, que llegaron a fracturar “de hecho” esta Central, estableciendo una sede paralela en la calle Lima 609 de la misma ciudad y convocando su propio proceso electoral con prescindencia absoluta del Estatuto de la CTA, la ley y la autoridad de aplicación;

7°) Por tales motivos, sin perjuicio del pronunciamiento de la Justicia mencionado más arriba, a los fines de clarificar la situación y prevenir a nuestros afiliados, organizaciones y autoridades que puedan verse defraudadas en su buena fe, informamos que las autoridades legalmente reconocidas de la CTA han requerido la declaración de invalidez de la pseudo convocatoria impugnada.

sábado, 3 de mayo de 2014

DISCURSO DE HUGO YASKY EL 1º DE MAYO


Compañeras, compañeros:

Un abrazo a todos ustedes de parte de todo la conducción nacional de la CTA. A los compañeros de provincia de Buenos Aires, al compañero Baradel. Porque si algo contribuyó a que este año en las paritarias pudiéramos estar discutiendo los porcentajes salariales con absoluta libertad, no solamente en el gremio docente, sino en el conjunto de los gremios del país, fue la lucha y la consecuencia del gremio docente a nivel nacional y a nivel provincial. Eso hay que rescatarlo.

Especial reconocimiento al compañero intendente de Avellaneda, al compañero Jorge Ferraresi, porque ha hecho un esfuerzo, para que a este acto pudiéramos concretarlo.

No quiero dejar de mencionar al último sindicato que acaba de integrarse a nuestra Central: los compañeros Municipales de Avellaneda votaron por unanimidad, en la asamblea, el ingreso a la CTA y el compañero Daniel Aversa es un orgullo para esta Central que formen parte de la construcción.

Estuvimos ayer en un acto que para mí fue muy importante por lo que significa en este momento. Conmemoramos el 1º de Mayo en la provincia de Santa Fe en un acto donde estuvo la conducción de la CGT con su secretario general y la conducción de la CTA de esa provincia con su secretario general.

Cuando hablan de que el movimiento obrero está fraccionado, lo que está fraccionado, los que están fraccionados son las cúpulas del movimiento obrero. El movimiento obrero sabe que hay que defender este proyecto. Y por eso la unidad está a la vuelta de la esquina. La unidad la vamos a construir desde abajo; no con acuerdos de cúpulas, ni queriendo pegar con saliva lo que no se puede pegar.

Quiero expresar el orgullo de que esta Central reciba hoy el mensaje -nada más ni nada menos- del compañero presidente de Bolivia, Evo Morales Ayma. Porque no hay posibilidad de seguir avanzando en este proyecto de liberación de América Latina, que empezó a tener su fecha simbólica el 5 de noviembre del 2005, cuando en Mar del Plata, liderado por Néstor Kirchner, por el compañero comandante Chávez, de Venezuela, por el que era presidente de Brasil, Lula. Ese día que le dijimos No al Alca, ese día empezamos a construir el desafío de la unidad de los pueblos de América Latina en búsqueda de su liberación. Y que Evo Morales, hoy, se comprometa a estar acá un día antes de la final del Mundial de fútbol para hacer un acto, que va a ser un acto de la clase trabajadora para defender dos reivindicaciones, que tienen que ver con la unidad de América Latina. Porque decir Malvinas para Argentina, es decir “Fuera el imperialismo de las aguas de los mares del sur”. Basta de presencia militar. La presencia militar en los mares del sur es una amenaza, ya no para la Argentina: es una amenaza para los pueblos de América Latina, y es reivindicar la salida al mar para los compañeros de Bolivia.

Que hay que decirlo, la CUT, la Central Única de Trabajadores de Chile, hace apenas un mes, en ocasión de la visita de Evo Morales a Chile, marchó por las calles de Santiago de Chile, con la consigna “Mar para Bolivia”. Hay que decirlo. Porque contra el chauvinismo de las clases dominantes hay que contraponer el compromiso de clase de los trabajadores que sabemos que el enemigo es el imperialismo y son las clases dominantes de nuestros países que, siempre, históricamente, han sido aliadas del liberalismo, del colonialismo y del imperialismo.

Nosotros sabemos que en este momento, la conmemoración del 1º de Mayo, la hacemos en un marco de tensión, en un momento, en un contexto, en el que grupos empresarios poderosos, los que se reunieron en la Sociedad Rural, han levantado un programa que pretenden imponer a los partidos políticos que actúan como voceros de sus intereses.
Un programa político que constituye nada más ni nada menos que la reivindicación lisa y llana de la dictadura económica que vivimos a partir de los 90. Un programa económico que lo firman los mismos que entonces le pagaban las balas a la Triple A. Un programa económico que lo firman los mismos que fueron parte del golpe genocida. Que tienen manchadas las manos de sangre, y que pretenden otra vez que el hambre y la exclusión, la pérdida de derechos, sea lo que regimente a los gobiernos de la Argentina.

Por eso, nosotros queremos festejar este 1º de Mayo, pero lo queremos hacer con los ojos abiertos, mirando hacia atrás; por eso el homenaje a Santillán, por eso el homenaje a los compañeros de Astarsa, porque ese enemigo de clase que hoy paga filósofos para que le redacten documentos hace 30 años pagaba mercenarios para asesinar compañeros obreros.

Y son los mismos con otros métodos, son los mismos intereses: son los enemigos de la Nación.

Por ese motivo, la presencia de los jóvenes significa la expresión más hermosa, más elocuente, más que lo que pudiera decir un manual, un discurso, una consigna, de que toda la lucha nuestra no fue en vano; de que toda la lucha nuestra tiene el hermoso futuro de esta sangre joven, de estos pibes, que no tuvieron lugar para estar en la mesa, y que hoy están en las gradas. O que hoy están ahí parados, tocando el bombo, porque saben que esta lucha tiene un protagonista colectivo, que es la clase trabajadora, y cuando es la clase trabajadora, no somos jóvenes ni viejos, todos somos portadores de una historia que es la que tenemos que levantar para que tengamos futuro.

Hay que tener memoria porque solamente desde la memoria podemos definir nuestro futuro. Y yo creo que nuestro futuro tiene que ver con defender el proyecto nacional, popular y democrático que Néstor Kirchner puso en movimiento en el 2003 y que Cristina Kirchner continuó.

Que no vengan a querer inventar que tenemos que pedir perdón, que tenemos que hacer autocrítica, que tenemos que explicar, por qué durante décadas, por qué durante 10 años, se hizo lo que se hizo en este país. Nosotros nos podemos autocriticar, en todo caso, los errores, pero no vamos a aceptar que la crítica de la derecha, que es por los aciertos, por los logros, sea lo que marque el futuro y el presente de nuestros debates políticos.

Hay que reafirmar lo que se construyó para poder pelear por lo que falta.
La Asignación Universal por Hijo tiene que convertirse en un instrumento que en un futuro deje de tener sentido. Porque lo que queremos es que todos y todas las argentinas y argentinos de este país, todos los que trabajan, lo puedan hacer con un empleo digno, un salario digno, con un empleo registrado, con un empleo con derecho. Va a llegar un momento en que la Asignación Universal por Hijo será un mal recuerdo, una postal de los tiempos en que todavía los compañeros y compañeras no tenían la posibilidad del trabajo. Pero para llegar a ese punto es clave el papel de la clase trabajadora.
La clase trabajadora no puede ser convidado de piedra a la hora de definir las políticas de un país. La clase trabajadora no puede mirar por televisión el rumbo de los cambios. Ese protagonismo hay que construirlo todos los días.

Es cierto y hay que decirlo: tenemos todavía un movimiento sindical en el que muchos de los que dirigen algunas grandes organizaciones, no han podido entender el momento que se vive. Y muchos otros lo han entendido y han hecho una cuestión de clase que es entregarse al enemigo e ir a la Sociedad Rural a pedir perdón; que es ir a los programas de Magnetto a decir que nos habíamos equivocado; que es convocar a un paro para hostigar a un gobierno nacional popular y democrático.

Aquella conferencia de prensa patética con un Micheli haciendo el triste papel de un Chirolita, de Moyano, de Barrionuevo, de Gerónimo Venegas, de un tránsfuga como Bussi; aquella conferencia de prensa donde se pidió perdón en boca de Moyano por haber estado del lado del pueblo en el conflicto de la 125, es la expresión más patética de una dirigencia sindical que no entiende que este proceso de transformación no tiene retorno y que es la clase trabajadora la que tendrá que llevar adelante las principales tareas de la democracia y de la distribución de la riqueza.

Nosotros no podemos olvidar que en estos últimos 10 años el movimiento sindical recuperó masa muscular. En el año 1975 había 60 mil empresas, la mayoría de ellas empleaba obreros industriales. Consecuencia: la UOM tenía 500 mil afiliados. Había 60 mil empresas y 500 mil afiliados metalúrgicos. En el año 2001 quedaban solamente 20 mil empresas y 170 mil afiliados en el gremio metalúrgico. Habíamos bajado en la dictadura genocida, en ese proceso brutal de destrucción del desarrollo industrial y de la clase obrera. Hoy recuperamos y tenemos más de 20 mil empresas en una economía todavía monopolizada y extranjerizada y 300 mil o más afiliados en la UOM. Este ejemplo vale para el resto de los gremios.

Hoy tenemos paritarias libres. Hoy tenemos Consejo del Salario Mínimo Vital y Móvil, porque hubo políticas que apostaron contra de lo que pedían los grupos dominantes, a generar empleo, a generar industrias, a generar trabajo digno. Y esto hay que defenderlo.

No es verdad cuando nos quieren convencer de que fue el milagro del viento de cola. No es verdad, como nos quieren hacer creer, que hubiese sido lo mismo aplicar las políticas que ellos decían, de volver a las relaciones carnales con el Fondo; de entregarnos al capital concentrado, eliminar las retenciones, de no apostar a la suba de los salarios. No hubiese sido la misma la situación de la clase trabajadora y del pueblo de la Argentina. Y esto hay que defenderlo.

Porque van a venir por derecha, con la cara descubierta, pero también van a venir por derecha disfrazados, los que van a decir: “Bueno, algunas cosas del kirchnerismo las vamos a rescatar. Algo tenemos que rescatar”. Ese fue el discurso de Capriles en Venezuela. Empezó peleando por derecha y perdió y ahora está cambiando el discurso. Acá sea Macri, sea Sergio Massa e, incluso alguno de los que se dicen kirchneristas, que tenga claro que las banderas no se bajan, que esto no se termina. Que en todo caso lo que está firme es que la compañera Cristina Fernández de Kirchner asumirá la conducción de un proceso que tendrá en los trabajadores, la fuerza capaz de respaldar y de construir un futuro.

Compañeros: hace falta más protagonismo popular. Más protagonismo de la clase obrera. Más reformas en el modelo sindical. Más libertad sindical. Más democracia. Hace falta terminar con los que asumen Centrales desde el fraude, desde la imposición de la mentira, y hace falta consolidar a esta clase trabajadora con un compromiso claro: antimperialista, antipatronal, popular, nacional, democrático, con Cristina Kirchner y por la liberación de la Patria.

Fuerza. Viva la clase obrera. Viva el poder organizado.-

jueves, 10 de abril de 2014

YASKY HABLA SOBRE EL PARO CONVOCADO POR EL SINDICALISMO DISIDENTE

FUENTE: DIARIO PAGINA12, EL PAIS, JUEVES 10 DE ABRIL DE 2014
Por Miguel Jorquera

“Tienen un ataque de amnesia”

El titular de la CTA, Hugo Yasky, definió a la medida organizada por las centrales obreras opositoras como un intento de “entregar el movimiento sindical a los sectores económicos concentrados” con “el apoyo explícito de la Sociedad Rural y el guiño de Massa”.
El dirigente de la CTA Hugo Yasky salió al cruce del paro general convocado por los cegetistas opositores Hugo Moyano y Luis Barrionuevo y la CTA disidente de Pablo Micheli: definió a la medida como “contra natura” y acusó a los dirigentes que la organizaron de “querer entregar el movimiento sindical a los sectores económicos concentrados”. Para Yasky, el paro busca esmerilar al Gobierno con “el apoyo explícito de la Sociedad Rural, los grupos económicos y mediáticos concentrados y el guiño del Capriles argentino, Sergio Massa”.

–La CTA que usted dirige y la CGT oficial no se suman al paro, sin embargo quienes lo convocan auguraron que tendrá una adhesión mayoritaria...

–Hay dos maneras de medir la adhesión a un paro. Si uno hace un torniquete a través de los medios de transporte, y a eso le agrega los piquetes, puede lograr una merma de la asistencia a los lugares de trabajo, pero que no tiene que ver con la adhesión voluntaria y consciente a la medida. Diferente a como lo hacíamos en la época de (Saúl) Ubaldini o durante la resistencia de la CTA al neoliberalismo, donde la adhesión significaba la valoración de la medida de fuerza.

–Los piquetes han formado parte de su experiencia de la CTA. ¿Qué ha cambiado ahora para cuestionarlos?

–El piquete fue la forma de lucha de los que habían perdido el trabajo; de los que no podían parar las fábricas de las que los habían expulsado y sufrían las políticas del menemismo. Y en ese momento la única alternativa era visibilizar la protesta de los excluidos ocupando las rutas. Hoy hay un gobierno que respeta el derecho de huelga, que garantizó fuentes de trabajo y que el sindicalismo pudiera crecer. Recurrir a la metodología del piquete es imponer autoritariamente, desde sectores absolutamente minoritarios, su propia voluntad a las mayorías. Y uno de los que convoca al paro, Luis Barrionuevo, fue adalid de las políticas del menemismo.

–¿Por qué la CTA no adhiere al paro?

–Algunos dirigentes sindicales, no lo digo por Barrionuevo que siempre fue coherente en su menemismo y su anti kirchnerismo, pero sí (Pablo) Micheli, el propio (Hugo) Moyano parecen víctimas de un ataque de amnesia. Este fue el gobierno que recuperó el sistema jubilatorio para el sector público, sancionó la ley de medios, terminó con las leyes de impunidad y avanzó en los juicios contra los genocidas, restituyó las paritarias libres, puso en práctica el Consejo del Salario Mínimo, implementó una reivindicación histórica de la CTA como la Asignación Universal por Hijo, la recuperación de YPF, la ley de refinanciamiento educativo que nos permitió destinar a la educación más del 6 por ciento del PBI, entre muchas otras cosas, como la recuperación de cinco millones de puestos de trabajo, que le permitieron al sindicalismo recuperar su fuerza, después de estar casi reducido a la mínima expresión. Es un paro contra natura que pretende entregarles el movimiento sindical a los grupos más poderosos del país. Va contra los intereses populares.

–Pero ellos insisten en que el paro no es político...

–Que este paro tenga el acompañamiento explícito de la Sociedad Rural, de los dueños de los grandes medios de comunicación, como el caso de (Héctor) Magnetto en Clarín y el diario La Nación, y cuente con el guiño del que pretende ser el (Henrique) Capriles de la Argentina, Sergio Massa, habla a las claras de que este paro va contra los intereses de la clase trabajadora y los sectores populares. Es un paro que pretende enmascarar con algunas reivindicaciones legítimas el intento de revisar lo que fue el avance popular, para volver a las viejas políticas neoliberales.

–Una de las consignas del paro es el de “paritarias sin topes”. ¿Cree que el Gobierno le puso un techo a las negociaciones salariales?

–La mejor expresión de que las paritarias se dan en un marco de absoluta libertad fue el conflicto docente y el cierre sobre la base de lo que era la demanda del gremio, a pesar de la posición que sostuvo en un principio el sector patronal, representado por el Ministerio de Educación. Fueron 17 días de huelga en provincia de Buenos Aires, y el gremio docente alcanzó cifras que superaban el 30 por ciento, que consideramos una cifra razonable. No queremos discutir salarios por encima de un porcentaje que después perdemos en la remarcación de precios que promueven los grandes grupos económicos que quieren una nueva devaluación y que piensan que se pueden llevar puesto al Gobierno

–¿Y el mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias?

–Todos sabemos que de acá a 20 días, cuando terminen de cerrar paritarias los gremios importantes, se va a producir la corrección como en 2013.

–¿Es una apreciación personal o información del gobierno?

–El jefe de Gabinete dijo ante el Congreso que es un tema que se tiene que revisar y sabemos que se está trabajando sobre eso. Y que vamos a avanzar sobre otro gran tema, que ni siquiera mencionan los que convocan al paro, que es el trabajo en negro, que sí es una asignatura pendiente.

–El metalúrgico Antonio Caló valoró más sostener las fuentes de empleo que conseguir un salario más alto. ¿Qué opina?

–Si persiste la crisis internacional, el mantenimiento de las fuentes de empleo se va a convertir en prioridad para los trabajadores de nuestro país. Esto no significa la imposición de salarios a la baja, con los que muchos empresarios especulan cuando están en juego fuentes de trabajo. Es vital y nosotros no podemos retroceder a las épocas del menemismo y de la Alianza donde teníamos cientos de miles de desocupados.

–Moyano dijo que no lo vio en la huelga docente y Micheli fingió no conocerlo. ¿Les respondería?

–Moyano, desde que le pidió perdón a Magnetto, no sé por qué, tiene un problema y es que se informa solo con Clarín, y ese medio ocultó el papel de la CTA en la lucha. Micheli no se olvidó de mí, sino de todo su pasado de lucha, como para llamar “Luisito” a Barrionuevo, la expresión del sindicalismo del que quisimos desembarazarnos cuando creamos la CTA.

domingo, 6 de abril de 2014

"LOS QUE HACEN EL PARO SON UN TRACTOR PARA LA DERECHA QUE QUIERE VOLVER A LOS 90" AFIRMO HUGO YASKY


El titular de la CTA, Hugo Yasky, volvió a criticar el paro convocado por Luis Barrionuevo, Hugo Moyano y Pablo Micheli y sostuvo que esos sectores pretenden usar a los trabajadores como "tractor para la derecha que quiere volver a los 90", sector que identificó con el diputado Sergio Massa.

En comunicación con Radio Del Plata, Yasky dijo que el paro convocado para el 10 de abril "no tiene muchos motivos" ya que los gremios están "en pleno progreso de paritarias", y recordó que fueron los gobiernos kirchneristas los que hicieron que las negociaciones "en Argentina volvieran a existir"


"Este es un gobierno con el que uno puede tener diferencias y las puede discutir, nosotros estuvimos 3 años en la `Carpa Blanca` y la Ctera, uno de los gremios con más afiliados, no tuvo paritarias hasta 2003", recordó el dirigente de la CTA.

Respecto del aumento del mínimo no imponible del impuesto a las Ganancias, sostuvo que para discutirlo "hay que esperar a que terminen las paritarias, y ver cuántos son los trabajadores afectados".

Por último, volvió a criticar a los dirigentes que convocan a la medida de fuerza del 10 de abril: "que no me vengan los que fueron parte del menemismo que ahora quieren paro", advirtió.

FUENTE: http://www.telam.com.ar/notas/201404/57776-los-que-hacen-el-paro-son-un-tractor-para-la-derecha-que-quiere-volver-a-los-90-afirmo-yasky.html

jueves, 3 de abril de 2014

CARLOS FUENTEALBA VIVE EN LA LUCHA VICTORIOSA DE LOS MAESTROS


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Este 4 de abril, al cumplirse un nuevo aniversario del asesinato de Carlos Fuentealba, la sentida conmemoración de la CTA y de todas sus compañeras y compañeros no podía tener marco mejor que el triunfo de la lucha docente.

No ha resultado una casualidad que en cada asamblea, cada acto y cada marcha, el nombre de Carlos haya resonado en la garganta de los maestros y maestras como un santo y seña que preanunciaba la victoria.

Es más, cuando todos los agoreros presagiaban que el formidable esfuerzo de la CTERA y de todas sus entidades de base – particularmente el SUTEBA con su prolongada huelga- entraría en colisión con otros intereses populares, el ejemplo de Carlos Fuentealba se hizo presente en la histórica marcha hacia el Palacio Pizzurno de la mano de su compañera Sandra. Más de treinta mil manifestantes hicieron que el rostro de Carlos fuese la cara y la razón histórica de ese conflicto.

Por eso es que hoy, en el séptimo aniversario de su asesinato, la Mesa Nacional de la Central de los Trabajadores de Argentina no sólo rinde tributo a la memoria de Carlos Fuentealba, sino que también, al igual que millares y millares de trabajadores de la docencia, levanta su ejemplo como una bandera de dignidad y compromiso con todos los hermanos de clase.-

Hugo Yasky
Secretario General

Pedro Wasiejko
Secretario Gral. Adjunto

Marcelo Frondizi
Secretario Gral. Adjunto